Los evadidos

La sucesión de situaciones bufas encadenadas por el extinto procés culminan por el momento en la huida de Pugdemont y otros seis de su Gobierno a Bruselas donde  han manifestado que de aquí no se mueven si no existen garantías para ello. Estirando su condición de turista accidental que se ha ido con unos amigos a visitar un país tan pintoresco como Bélgica, puede tener el ex presidente y el resto de los fugados un plazo de  quizá cuarenta y ocho horas antes de que prosperen las tesis de la Fiscalía y el juez dicte orden de caza y captura contra ellos. Se trata de un procedimiento normal y acorde con los protocolos europeos en la materia que se aplican contra aquellos prófugos de la justicia que aprovechan determinadas algunas legales para tomar las de Villadiego. Pero esta situación no puede prolongarse mucho tiempo y en cuestión de horas, los evadidos deberán regresar a casa o exponerse a las consecuencias de un acto de una enorme gravedad al margen de su perfil caricaturesco. Decidido a pasar a la historia  como el sujeto más irracional del momento, Puigdemont no solo se ha encargado de plantear una situación  caótica en su país sino que aspira a trasladar su crisis a otra nación soberana. En este caso, la Bélgica del primer ministro  Michel, al que un color se le va y otro se le viene calibrando el cisco en el que son capaces de meter al país y a su gobierno esta banda de catalanes incontrolables que se han refugiado en Bruselas en unas condiciones de las que no tenemos noticias pero que potencian muy buenamente los sentidos. Me los imagino sorteándose la misión de bajar al super para comprar huevos, leche, espagueti, arroz y lentejas. O quizá, lavándose la ropita interior en el lavabo de la pensión y colocando las blusas y las camisas bajo el colchón para que se planchen. La imaginación es desde luego desbordante cuando el motivo inspira. Y esta huida vergonzante da para mucho. El teléfono móvil me rebosa de historias a cual más regocijante con la pareja a la carrera. De justos es reconocer que, recordando a Piqué,  Junqueras se queda.
El modo en que va a acabar esta farsa sin sentido es una incógnita pero hay muchos argumentos para suponer que a Puigdemont no le va a salir gratis. Por fortuna, las leyes están para cumplirlas todos sin distinción y en este caso no se han cumplido. Y en semejante necesidad de responder de sus actos están todos aquellos que las vulneran como ocurre con estos desventurados representantes de un sainete que comienza a adquirir trazas de espantoso ridículo.