Los acordes dorados

Los acordes dorados

Los guitarristas, aunque sean tan rematadamente malos como lo soy yo, escuchamos con frecuencia la música tratando de adivinar las ruedas de acordes en los que se desempeña cada canción que nos llega al oído. Recuerdo que un bajista amigo mío me decía que el le pone figuras mentales a los toques de bajo y que se los representa cerrando los ojos y trazando triángulos y rectángulos.
Eso es lo que acabo de hacer yo con la que podemos llamar sin temor a quemarnos los dedos, la “trilogía del ballenato” que ha colmado los oídos más festivos en estos oficios de primeros de verano, a saber “Despacito” “La bicicleta”  y “Súbeme la radio”, éxitos arrolladores en las voces y maneras respectivamente de Luis Fonsi, la pareja formada por Shakira y Carlos Vives, y Enrique Iglesias. La esperada conclusión es que las tres canciones son iguales, desarrollan la misma secuencia de acordes básicos y se recrean y apoyan en los mismos trucos de grabación aunque los adelantos en materia de sonido consigan sin apenas esfuerzo colocar la canción en cualquier tono sin que se desajuste la velocidad como antaño. Si bien confieso que este tipo de música de marcados acentos latinos no es la que más motiva e incluso podría reconocer en privado que la detesto con toda mi alma, reconozco que de listos es encontrar una fórmula musical que produzca un montón de pasta. Y ese rondito malvado que va de la menor a fa mayor y luego a do mayor y a sol mayor como remate,es tan efectivo que ha conseguido de una sola carambola tres sonados campanazos.
Yo no puedo más y donde quiera que voy escucho “Despacito” ya sea en la consulta del dentista, el mostrador de un aeropuerto, cualquier cadena de televisión y radio o la sala de velaciones de una funeraria. Felicito efusivamente a un cantante y compositor testarudo que no ha parado hasta pegar el palo, pero yo sigo a lo mío sollozando en cada esquina porque todavía no he podido aceptar que los Beatles se hayan separado, Dios me ampare. Los protagonistas de esta trilogía que poco tiene que ver con aquella maravillosa de “El bueno, el feo y el malo” son eso sí buenos chicos que aparecen en los programas de actualidad con una gran sonrisa en los labios. ¿Todos he dicho? Pues no: Enrique Iglesias se está portando como un mentecato y en Santander lo pusieron a escurrir por borde e insoportable. Y además no se quita la gorra ni para dormir. Algunos maledicientes dicen que el hijo de su papá y nieto de su abuelete el  de “raro, raro”, se está quedando calvo.
Pues igual  está de mala leche por eso…