Lo viejo y lo nuevo

Lo viejo y lo nuevo

Hace un par de meses, me advirtieron sobre la necesidad de cambiar mi ordenador. Al parecer, el aparato que me había servido tan lealmente durante los últimos diez años y con el que he escrito esta columna en muchas y muy diversas circunstancias a lo largo y ancho del mundo conocido, estaba dando las últimas boqueadas y se suponía pertinente sustituirlo por otro nuevo mejor pertrechado. Hice caso de los consejos, y aquí voy, con un ordenador recién estrenado en el que incluso puedo rodar cortos en 3 D utilizando para ello dinosaurios, o tiburones gigantes incluidos en los archivos de un deslumbrante programa que viene de fábrica.
Este fin de semana, me he encontrado sin embargo sumido en un problema ofimático de regular calado del que he salido con bien gracias a la milagrosa ayuda del viejo ordenador ya jubilado. Sobreponiéndose a sus propias limitaciones, tosiendo y renqueando, la vieja máquina se ha puesto en marcha y me ha servido con su probada lealtad con la que ha cumplido hasta su retirada de servicio. Cuando dicen que lo tire a la basura porque ya apenas puede sostenerse, he dicho que no con todas mis fuerzas y el veterano computador sigue en casa, en un lugar de privilegio, amado y cuidado porque así se lo ha merecido. Qué menos, sabiendo con que entereza y dignidad se las gasta.
He pensado mucho en ello mientras leo una novela llamada “Cuando sale la reclusa” que es el último gran éxito de la novela negra francesa. Me empuja a la reflexión el hecho cierto de que gran parte de lo que escribe su autora -una exitosa Fred Vargas una arqueóloga sesentona que se llama en realidad Frédérique Audoin-Rouzeau- ya lo escribió en su tiempo el gran George Simenon, y que el comisario Adamsberg que protagoniza sus obras se inspira sin pudores en el entrañable, pueblerino y cachazudo Jules Maigret, uno de los polis de ficción más justamente populares de la literatura universal. 
La reflexión por tanto no es novedad sino una meditación tan vieja como el tiempo. ¿Es lícito suponer que lo nuevo, lo actual, lo recién creado es siempre superior a lo viejo? Quizá sea lícito, pero no creo que sea aconsejable. Y se demostrará con Maxim Huerta, el nuevo ministro de Cultura del presidente Sánchez. Es nuevo y tuitero para su mucha desgracia.