Las fórmulas eternas

Las fórmulas eternas

En el ámbito de la prensa, la comunicación y el entretenimiento es donde probablemente  se advierte con mayor propiedad el viejo adagio de “lo poco invita y lo mucho cansa”, una máxima que vale la pena tenerse en cuenta especialmente para aquellos que nos hemos dedicado con intensidad a esto. Los medios de comunicación y especialmente los que se basan en el poder de la imagen como ocurre con el medio televisivo, parecen hallarse felices cuando encuentra una buena veta, y la exprimen como los limones hasta que se torna insoportable. En lugar de sentarse a reposar el caldo y reflexionar sobre su vigencia, los responsables de producción se empeñan en prolongar su pervivencia hasta el infinito y así les luce el pelo en la mayor parte de las ocasiones. Los espectáculos consistentes en encerrar a un puñado de sujetas y sujetos de dudoso pelaje y carácter competitivo y arisco en un espacio cerrado para que se despedacen vivos tuvieron su aquel durante un tiempo pero ya no lo tienen y la fórmula lleva ya un buen rato agotada estén los concursantes en una casa o en una isla desierta y en ambos casos sometidos permanentemente al escrutinio televisivo. Le está ocurriendo también a los espacios basados en las mil facetas de la gastronomía  a los que les vendría bien un merecido reposo para no agotar a una sufrida y entregada audiencia que ya comienza a boquear. Mi modesta recomendación es que respiren por un tiempo para no matar la gallina de los huevos de oro aunque eso no seré yo naturalmente quien lo decida. Doctores tiene la iglesia y en este caso, recién nombrados y a dedo, como los antiguos miembros de la oposición decían que no podrían nombrarse. Que pronto se olvida todo.
Está en plena efervescencia el formato de los talent shows en los que se eligen artistas del entretenimiento especialmente ahora que el fenómeno “Operación Triunfo” ha pegado un taponazo bíblico. Esta modalidad ha propiciado además la consagración de una casta o clase dirigente, la de los jurados, los personajes con mayores o menores prendas que se encargan de juzgar a los concursantes y que se vuelven más protagonistas que los propios aspirantes a ganar el evento. Ahí es nada, el tributo que se le rinde sin descanso al tal Risto Mejide, una incógnita en sus virtudes, convertido por obra y gracia del  medio en un ídolo que además administra justicia aplicando criterios inexplicables que lo hacen todavía más atractivo. Y agresivo…
El asunto ya es abiertamente cansino y más que lo será. Se anuncia una nueva temporada con nuevos concursos de artistas para veteranos, para famosetes, y para niños. Hasta que el cuerpo aguante.