La radicalización

La radicalización

Una de las cosas que me tienen más preocupado en este terreno tan resbaladizo de la política nacional es la radicalización, el peor enemigo a lo largo  de los siglos de nuestra estabilidad parlamentaria. La radicalización es siempre sinónimo de ferocidad sin límites y aparece en los momentos más delicados de nuestra historia con los resultados que la mayor parte de la gente conoce. La radicalización es pobreza, intolerancia, cerrilismo, desequilibrio y profunda incultura. Cuando asoma hay que ponerse a cubierto porque siempre, siempre, siempre… acaba mal. Leamos si es posible y si nos dejan, nuestra historia.
Acabo de enterarme de que el alcalde de Sabadell –que gobierna la ciudad mediante un pacto de radicales de izquierdas e independentistas- ha decidido no desposeer al poeta Antonio Machado de su nombre en el callejero de la ciudad. Lo ha hecho no porque no crea que debe hacerse probablemente sino por el escándalo que tal decisión ha supuesto en foros de opinión y redes sociales. La consejería de Cultura encargó a un historiador reciamente independentista, un estudio que calibrara las conveniencia o no de mantener determinados personajes en este nomenclátor y el historiador referido ha sido profundamente fiel a la causa. Ha expresado en este informe –que sospecho ha sido muy bien pagado con fondos del erario público que alimenta el bolsillo de cada uno de los vecinos de esta localidad- que el poeta Antonio Machado no merece tener calle en Sabadell por españolista y anti catalán. El mismo trabajo determina que otros personajes que también bautizan calles y plazas forman parte “del modelo pseudocultural franquista” y se refiere a Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Calderón, Francisco de Goya, Larra así como ciertas localizaciones geográficas que tienen también, al parecer, determinado aroma fascista: Santiago de Compostela, por ejemplo. O La Rioja, Región de Murcia e incluso Tenerife así están las cosas y así contempla el país la mirada nacionalista.
Las conclusiones de este estudio son sin duda un insulto a la razón y a la verdad. Antonio Machado es uno de los  personajes ejemplares en su compromiso con la libertad y en su inmensa desventura. Y tildar de franquistas a Goya o Quevedo retrata la imbecilidad del sujeto que lo firma. Pero la desmesura de estas acciones es lo que debe asustarnos a todos incluso más que la propia y vergonzosa incultura. Un individuo que es capaz de pronunciarse así es capaz también de actuaciones incluso mucho más al límite,
A mi que existan ciudadanos  con capacidad de decisión como este supuesto historiador me ponen literalmente la carne de gallina.