La mayor lacra

La corrupción ha sido la peor lacra padecida por este país una vez enjugados los terribles momentos en los que el sistema había de enfrentarse a fuerzas mayores y considerablemente más sombrías como los años de plomo impuestos por el terrorismo etarra. Ahora que ha pasado el tiempo, escalofría pensar en aquella época sombría en la que el país se despertaba con un atentado mortal cada mañana y asistía sin respuesta aparente a situaciones tan tremendas como el secuestro de Ortega Lara o el asesinato por la espalda del concejal Miguel Ángel Blanco. Casi mil muertos y muchos más heridos, traumatizados, con la vida rota, huérfanos, viudos,  familias destruidas, escondidos, aterrorizados, etc. contemplan un estremecedor periodo de nuestra historia que aún hoy pasa y sigue pasando una factura extraordinaria. De hecho, algunos sectores  de la vida política española siguen empeñados en medir por el mismo rasero a las víctimas del terrorismo de ETA y a los propios terroristas que cayeron o fueron encarcelados en la refriega, un concepto que a mí personalmente me estremece y me produce nauseas.
Pero la corrupción es una lacra y buena parte de su perseverancia ha contribuido a arruinar las arcas de un país que poco a poco se recupera de un cataclismo económico algunos de cuyos acentos se inspiran en esta indecente e inadmisible práctica que debe avergonzarnos. La opinión dominante es que el Partido Popular es el que se ha distinguido especialmente en su empleo, pero se trata de un análisis muy influenciado por la lectura política y cierta mirada  incompleta del degradante fenómeno. Es verdad que el PP suda  golfería y apropiación indebida por muchos poros. Pero la permanente actividad delictiva y vergonzante empleo y saqueo del dinero de todos no es exclusivamente de su incumbencia e incluye a todos. Al PSOE se le debería caer la cara de vergüenza  infectado por el rubor de los continuos episodios con sede en Andalucía, y en Cataluña la desfachatez impúdica y lamentable de la familia Pujol cuyos tentáculos amenazan con estrangular a personajes como Artur Mas y se reflejan en escenarios como el Liceu o la propia administración de la Generalitat, demuestran que en todas partes cuecen habas. Villar, ya ven, está en la cárcel.
Mariano Rajoy declaraba el miércoles como testigo llamado por el juez para esclarecer las maniobras orquestadas en la oscuridad de Génova por los manejos de Bárcenas. Por primera vez, un presidente en activo afronta este ejercicio  amargo porque cuando Felipe declaró por el GAL ya no estaba en Moncloa. Ha pasado el trago pero lo ha sudado. La Justicia se mueve lenta pero inexorable. Que el ritmo no pare y que a los Pujol les metan mano de una vez por todas. Que ya es hora.