La marcha granadera

La marcha granadera

A mí, que como saben soy muy de Carlos III, se me ponen los pelos como escarpias escuchando esa versión apócrifa del Himno nacional que se ha empeñado en cantar Marta Sánchez sobre todo porque no resulta fácil ponerle letra a una zarabanda militar de mediados del siglo XVIII que se tocaba con tambores, pífanos y flauta travesera. El Himno es una antigua marcha de granaderos que se interpretaba acompañando los desplazamientos de la tropa allá por 1765 y que tanto le gustó a Carlos III que la convirtió en Marcha Real en 1770 y, por extensión, en himno. Y lo ha sido de España desde entonces, salvo durante el breve periodo de la II República en el que fue sustituido por una esperpéntica versión del dedicado al patriota general Riego cien años antes, cuya armonización apenas tenía que ver con la partitura original. 
Marta Sánchez hace una interpretación del himno que no deja inapetente al personal que lo escucha, porque estas cosas son muy delicadas y se toman con el sentimiento a flor de piel. El general Prim convocó en 1868 un concurso público para sustituir la Marcha Real por un himno nuevo, y las propuestas debieron ser tan malas que el jurado que se ocupaba de elegir la propuesta ganadora le aconsejó que mantuviera el vigente y se olvidara de excentricidades, hasta el punto de que, asesinado Prim y proclamada la I República, los dirigentes del nuevo régimen mantuvieron la Marcha Granadera como himno probablemente porque tenían la cabeza puesta en otra cosa. A los desgraciados gobiernos de aquel periodo disparatado que duró un año escaso, no les dio el tiempo para nada y, metidos en la harina de tres guerras a la vez -una guerra carlista en el Norte, una sublevación cantonalista a todo lo largo de la costa mediterránea, y un conflicto permanente en Ultramar- ni siquiera pudieron ocuparse de aprobar una nueva Constitución y se marcharon sin firmar siquiera el preceptivo decreto que convertía  la España de la monarquía en un país republicano así que, desde el punto de vista administrativo, la I República jamás existió. Pemán escribió una letra en tiempo de Franco que da grima.
Esta aventura de Marta Sánchez que ha respaldado sorprendentemente Albert Rivera y su gente de Ciudadanos, tiene desde luego mucho lastre y muy pocas posibilidades de salir airosa, no solo por el tratamiento que ha otorgado a la vieja tonada granadera sino porque se haga lo que se haga no va a contentar a nadie. Yo, personalmente, me quedo con el tratamiento clásico y no lo movería de donde está. Y me olvidaría de ponerle letra. No es una canción pop, caramba...