La impostura y la verdad

La impostura y la verdad

Los periódicos veraniegos te sirven recursos infinitos para elaborar cosas como esta columna tan longeva. Leerlos con cierta atención te produce el mismo efecto que debió sentir Lennon cuando entró en aquella tienda de antigüedades de Sevenoaks y se encontró con  aquel poster rancio anunciando una función de circo de la época victoriana. No tuvo más que ir juntando nombres y actuaciones para componer “Being for the benefit of mistyer Kite”, una canción que sintetiza toda la mítica y la época de los espectáculos decimonónicos. Ya saben: el antiguo esclavo Pablo  Fanque, Harry el caballo, los Henderson o William Kite.
Por eso, te pones a repasar los contenidos de estos diarios estivales y te llenan de ideas. El domingo, sin ir más lejos, bebía yo de los testimonios de uno de los cocineros más famosos de todo el país que proponía una receta de esas que se llevan ahora y que venía a titularse: “Gazpachuelo de maíz picante con quisquilla, helado de aguacate con esencias de fruta de la pasión y toques de anguila ahumada”, en la que la realidad solo exigía poner un montón de sustancias en tres tandas en una thermomix y espesarlas con otro artilugio que otorga untuosidad al preparado. Después se coloca cada papilla artísticamente compartiendo plato, y se corona con un camarón y ya está. Supongo que quien dice camarón dice cualquier otro bicho de cáscara  que se tenga a mano. En realidad, es para hacer bulto.
Esta sandeces culinarias con las que los artistas consagrados de la cocina nos toman el pelo son cada vez más habituales y también más ridículas, porque la cocina actual se ha convertido en una suerte de alquimia estrafalaria y falsa y yo que estos santones de los fogones empezaría a reflexionar  sobre la necesidad de modificar suavemente el rumbo de su propuesta porque la gente se va a cansar un día de estas prácticas, va a sospechar que le están tomando el pelo y la va a liar parda. De hecho, el espacio gastronómico que supuraba sensación de timo  con escarnio contrastaba ferozmente con una entrevista a Lolita Flores que está haciendo “Fedra” y que se enorgullecía de la hermosa verdad del teatro. “Aquí no se puede hacer moviola como en el cine o la tele” decía la actriz. Y añadía. “Yo no sé cómo hacen los actores para llorar. Yo, me meto la mano dentro y lloro. Desgraciadamente, me sobran motivos para llorar”