La causa no monárquica

La causa no monárquica

Las cuentas pendientes que el soberanismo ha establecido con el rey Felipe VI parten de dos supuestos falsos. El primero de ellos atribuye al monarca una agresión al pueblo catalán que no es tal porque el rey no hizo otra cosa que defender la unidad del país en el que reina, en atención a sus atribuciones y por supuesto, a sus responsabilidades. En realidad, el agredido fue él, cuando resultó víctima de una trampa que le tendieron los políticos catalanes en pleno fragor de la independencia por la que se permitió ser insultado, abucheado, humillado y agredido con el beneplácito de sus anfitriones.
La segunda data de los tiempos de Felipe V, el primer Borbón español cuya actitud durante la guerra de Sucesión que le otorgó la corona vacante tras la muerte de Carlos II el último soberano de la dinastía Habsburgo, se ha convertido en el argumento al que Cataluña se atornilla falsamente para expresar su rechazo secular a la Corona. En realidad, algunos catalanes y no todos, apostaron en aquel momento por el pretendiente equivocado. Carlos II testó en favor del príncipe francés Felipe de Anjou nieto del monarca francés Luis XIV, pero temerosos de que una potencia colonial como la España de entonces cayera en manos de Francia, Inglaterra, Austria, Países Bajos y los estados alemanes unieron fuerzas y declararon la guerra a abuelo y nieto, apoyando la candidatura del archiduque Carlos. El episodio es muy largo y valga decir que cuando la paz de Utrecht se había firmado los catalanes siguieron resistiendo a pesar de que el propio aspirante Carlos VI se había pirado discretamente. Barcelona resistió en soledad –un bando firmado por sus generales Villarroel y Casanova llama a la resistencia e incita a los barceloneses a “derramar gloriosamente su sangre por el rey, el honor y la libertad de toda España”- aguantó un cerco de tres meses y finalmente la ciudad se rindió el 13 de septiembre de 1714.
El odio por tanto a la monarquía borbónica es un subterfugio más que vuelve a adquirir la máxima intensidad en estos últimos meses en  brazos de la causa independentista. Pero estas expresiones desquiciadas suelen volverse en contra de tanto usarlas. Y en este caso va a pasar igual. Tanta manipulación ya cansa.