Justicia y universo mediático

Justicia y universo mediático

Acabo de escuchar en un programa de debate televisivo algo que me ha puesto inmediatamente en guardia y me ha inquietado profundamente. Una de las invitadas, procedente del mundo del Derecho para mayor abundamiento, se afanaba en explicar las circunstancias que podrían impedir la puesta en libertad provisional de los miembros de la “Manada”, la tribu de amigotes condenados por someter a una joven a vejaciones sexuales en grupo durante las fiestas de San Fermín en el portal de una casa de vecindad en Pamplona. La experta suponía que no se llevaría a cabo esta medida entre otras cosas por lo que ella misma calificó como “el ruido mediático” que este triste episodio ha suscitado, un argumento que se inspira en un hecho cierto –la enorme influencia que el caso ha tenido en la opinión pública de todo el país- pero que en un estado de Derecho riguroso y jurídicamente bien armado no tendría por qué influir en el comportamiento de los magistrados, para los que lo único que debe regir en la toma de sus decisiones es lo que se contiene en el Código Penal y la interpretación que los legisladores hagan del mismo.
Esta afirmación tan alarmante no es nueva y sorprendentemente parte en muchas ocasiones del propio entorno forense. Se apela a la agitación que ciertas situaciones sometidas a procedimiento judicial despiertan en los sentimientos de la sociedad, y la respuesta de esta sociedad agitada en la mayor parte de los casos por la intervención de prensa, radio y televisión –el universo mediático como se dice ahora y que es otra de las expresiones que a mí, personalmente, me pone la carne de gallina- que suele ser más pasional que sensata. Es la tristemente famosa “pena de telediario”, que se ha  impuesto en estos últimos tiempos para desgracia de la necesaria prudencia y la calidad de pensamiento en un Estado como el  nuestro, de probados fundamentos democráticos.
Este escenario desbocado en el que la opinión pública se convierte en jurado sin serlo y adjudica inocencias y culpabilidades antes de que lo hagan los tribunales, deberá ser combatido desde dentro mediante una administración de Justicia irreprochable. Los periódicos opinan, la sociedad a través de ellos se informa… Y los tribunales deben defender su independencia como su más preciado tesoro.