Jueces en desacuerdo

Jueces en desacuerdo

Como tantas decisiones que se adoptan en el escenario jurídico, la que atañe a la madre de los dos niños fruto de su relación con un súbdito italiano sobre el que pesó en su día una condena por maltrato, no solo provoca airadas reacciones a favor y en contra de la sociedad civil a la que este tipo de situaciones motiva muchísimo, sino que ha acabado dividiendo al propio estamento judicial. El caso de Juana Rivas ha supuesto un intenso episodio cuya incidencia en la opinión pública solo ha paliado el bárbaro atentado de Cataluña y, una vez atemperados los ecos de esta atrocidad y una vez que las fuerzas policiales parecen haber cerrado la investigación, el dilema de la madre que oculta a sus hijos para que no puedan retornar en compañía de su cuestionado padre en un país extranjero vuelve a cobrar vida y con la vida se reaviva la fuerte y difícil polémica.
Tanto es así que una parte de los jueces ha mostrado su estupor y posterior disconformidad con  la opición impuesta por los magistrados que han visto en primer lugar este intrincado suceso y que han resuelto dejar en libertad a Juana a la espera de seguir el procedimiento, aunque los hijos siguen ocultos en un lugar desconocido y la joven granadina se niege a descubrir su paradero. El duro comunicado de una de las más nutridas asociaciones de jueces progresistas  radicaliza fuertemente la escena porque atribuye esta decisión a las presiones de orden político a las que, según esta comunicación, el tribunal competente se ha rendido. Los firmantes de esta nota ponen especial acento en un hecho que, por más que resulte muy áspero de aceptar, es meollo del proceso. En definitiva, la presión de la opinión pública está tratando de obligar a los jueces a no cumplir las resoluciones judiciales y esta situación es tan peligrosa como inadmisible para los comunicantes. 
Lo es también para la sociedad en general y asoma el complicado ejercicio de impartir justicia a un abismo del que hemos de librarnos como sea por muy duro que el hecho parezca.
En mi modesta opinión, Juana Rivas ha cometido un gravísimo error desoyendo las órdenes judiciales y prolongando su incomparecencia hasta el momento en el que la autoridad judicial la declaró en búsqueda y captura. No es oro todo lo que reluce en el comportamiento de esta madre que tuvo un primer hijo con su marido italiano, se produjo la sentencia por maltrato y posteriormente volvió con él y tuvo dos hijos más. Son incongruencias graves que hacen sombra en su comportamiento. Muchas sombras.