Fútbol, tema mayor

Fútbol, tema mayor

Aunque los argumentos políticos no paran y colgados de la nube están temas de mucho poder de convocatoria como la elección de la cúpula del ente público RTVE -y el vergonzoso intento por parte de los nuevos gobernantes para controlarlo-,  las primarias del PP -en las que solo votará el 7% del censo que en principio se presuponía- las flaquezas de la política migratoria -en la que Europa sigue sin asumir el drama en su conjunto- y el traslado de los restos de Franco -a los que nadie había hecho el menor caso hasta que ha llegado Sánchez y su política gestual para rescatarlos-  hoy toca reflexionar sobre La Roja y su inapelable fracaso.
Es el asunto del fútbol un motivo que suele servir a cualquier columnista para nutrir sus escritos cuando hay poco que llevarse a la boca, y no cabe duda que cumple con su cometido y nunca falla. Pero en este caso, y por las poderosas razones que se esconden tras el fiasco de Moscú, el fútbol es asunto de primera línea porque hoy se mezclan aspectos puramente técnicos que abundan en el mal juego de la selección española, con facetas sentimentales e incluso políticas que pregonan posturas enconadas y debates interminables. La desastrosa trayectoria del equipo nacional en los Mundiales de Rusia y su inapelable retroceso a cada partido que jugaba, obliga a sospechar que ni el equipo ni la dirección técnica hicieron los deberes en el campo, aunque los acontecimientos anteriores sugieren la posibilidad de que esta eliminación tuviera sus raíces en circunstancias que trascienden al propio juego desplegado. 
La triste realidad  es que la mayor parte de los habitantes del país lloran hoy la derrota del combinado nacional y rabian al analizar cómo se ha producido. Jugando muy mal ante un equipo inferior que ha ganado en la tanda de penaltis.
Hoy habrá quien deposite la responsabilidad de este desastre en Florentino Pérez e incluso en Lopetegui, y ya he visto la edición electrónica de un diario valenciano que le pregunta al presidente del Real Madrid si está contento con este batacazo. Pero también existe una parte de la dolorida afición que se pregunta si Rubiales no ha metido la pata al cesar iracundo a Lopetegui a dos días del debut, y si el presidente tendrá el empaque y la capacidad suficientes para guiar con buena mano la que se avecina.
Lo que sí parece cierto es que se cierra un ciclo y la transición no se adivina ni dulce ni corta. Personalmente creo que Fernando Hierro tiene mucha responsabilidad en este escenario y la elección de su sucesor es un tema mayor. Hay que acertar. Yo también tengo mi candidato, pero seguro que el que sale no es el mío. Como siempre.