Final de verano

La existencia humana está condenada a decir hola y adiós y a eso básicamente se reduce la aventura de la vida en la que se suceden fragmentados capítulos del total en forma de bienvenidas y despedidas alternadas en las que cada cuál se va entrenando para la traca final. Lo digo porque hace relativamente poco tiempo que dimos la bienvenida al verano y ya lo estamos despidiendo con lo amargas y desagradables que son las despedidas. Un amigo mío decía que era mucho más feliz en los días previos a tomar sus vacaciones que cuando en verdad comenzaban, porque era consciente de que en el mismo instante del inicio se disparaba también el mecanismo de la cuenta atrás. A partir de entonces no hacía otra cosa que estremecerse pensando que cada día que pasaba era una cuenta más vencida en el rosario del regreso.
Y es cierto que sin comerlo ni beberlo y sin tiempo práctico para pensarlo, se ha ido un verano que ha inscrito su nombre en el libro de la historia por algunas situaciones comprometidas. Pero especialmente, porque es el preludio del día D con el que este disparatado independentismo que ya ha elaborado una especie de constitución de pega para ponernos en antecedentes a los demás de lo que en un futuro será la República Independiente de Cataluña, desea clausurar el proceso. La votación de un referéndum para saber si los ciudadanos de esta comunidad desean desgajarse de su país de origen o prefieren mantenerse en él. De hace algunos años vengó advirtiendo de las inclemencias de un mecanismo de secesión desarrollado en las entretelas de Cataluña que no se quiso abordar quizá por suponer que se trataba de una mera anécdota capaz de evaporarse por sí misma. Pero uno tiene la maldita manía del análisis y se convenció de que el asunto se agrandaría como una bola de nieve rodando por una ladera hasta hacerse alud el día mismo en que el más incompetente e irresponsable presidente del Gobierno que ha tenido la joven democracia española desde la muerte de Franco –un completo insensato llamado José Luis Rodríguez Zapatero- dijo aquello de “lo que vosotros aprobéis en Barcelona, lo ratifico yo en Madrid”. Desde  aquel día esto ha sido un completo marasmo cada vez más absurdo hasta llegar al día de hoy. O al 1-O que es la fecha señalada.
Yo dormía poco pensando en esta situación sin parangón alguno en la constitución y administración de Europa, pero ahora ya no me quita el sueño. La República Independiente de  Cataluña no me va a hacer mejor de lo que soy. Y a lo mejor me quita de en medio al Barça.