El que lleva razón

El que lleva razón

El eterno próximo ministro Alberto Núñez Feijoo, ha afirmado públicamente que es un error estratégico muy grave el que está cometiendo su partido cargando contra Ciudadanos. Lo ha manifestado en un foro de prestigio y con mucha llegada, los desayunos que organiza Europa Press, en los que el presidente gallego no ha hecho otra cosa que mantener la convicción que ha expresó en los momentos posteriores a los resultados de las elecciones catalanas. Feijoo, al que cada dos por tres le hacen los mentideros políticos capitalinos un sitio de prestancia en el Gobierno que viene, no se va a ganar precisamente amigos en Génova expresándose de esta manera porque los estrategas populares han resuelto castigar al partido que le sirve de respaldo y le garantiza la mayoría necesaria, pero el político gallego ha sido, es, y siempre será muy directo en sus comentarios y muy fiel en sus conclusiones. Tras el muy mal resultado  del PP en los comicios de Cataluña, Núñez Feijoo se mostró descontento con el análisis de un humillado Xavier García Albiol quien decidió responsabilizar al partido de Albert Rivera de la debacle apelando a sus malas formas para pescar en caladeros comunes, y hoy ha vuelto a insistir en la idea de que criticando a Ciudadanos no se recuperan los votos que al PP le han sido robados sino entendiendo lo que significa el fenómeno Ciudadanos y fomentando vías de entendimiento y colaboración con ellos. Ciudadanos es un partido inmaduro que en ocasiones plantea estrategias contrarias según las demarcaciones, pero tiene todo el futuro por delante, plantea una opción más fresca que es capaz de conectar con los jóvenes, no tiene por ahora piedras en la mochila ni cadáveres en el armario y ha ganado las elecciones catalanas, una situación de la que a veces y por imperdonables descuidos nos olvidamos.
Siempre he creído que el presidente gallego tiene muy buena cabeza y también lo creo en este momento. Por tanto, me atrevería a afirmar que también aquí lleva razón, aunque posicionamientos como el presente puedan ponerle difícil el ascenso a un ministerio de tronío que muy probablemente merece. También sospecho que esa designación ya no tiene tanta trascendencia como tuvo en su momento, y estoy convencido de que el presidente gallego ya ha planificado su futuro sin tener en cuenta ese destino en el gabinete que tantas veces y con tanta frecuencia se ha comentado.