El protocolo fantasma

El protocolo fantasma

Existe un protocolo que se manifiesta indefectiblemente cada vez que un nuevo Ejecutivo se acomoda en el poder y no es otro que el de marcar distancias con el anterior. Esta necesidad, que afecta sin excepción a todos los presidentes del Gobierno al menos en España, obliga a deshacer lo hecho por los anteriores y proponerse una política que se desempeñe por el camino contrario. Cualquier ciudadano libre de militancia supone que tiene que haber cosas que los anteriores hicieron bien y por tanto, son susceptibles de aprovechamiento. Pero esa suposición se manifiesta imposible muy pronto. En el caso de Pedro Sánchez, nada más recibir el cargo.
No hay medida adoptada por el expresidente Rajoy y su Gobierno referente a Cataluña que no fuera explicada y posteriormente consensuada con Pedro Sánchez, y de hecho el puente para obtener acuerdos amplios con los que afrontar el desafío independentista corrieron por cuenta de la hoy ministra Carmen Calvo. De hecho, los periodistas políticos sugieren que la no intervención por el 155 de la TV3 se debió a la decisión adoptada por el PSOE en este pacto, pues los socialistas consideraban excesivo entrar a saco en un medio de comunicación por muy alienta que fuera. Calvo estuvo a punto de aceptar, pero finalmente se rindió al ronroneo de Ferraz y la militancia, y rechazó la medida. Por tanto, no se intervino la televisión autonómica catalana y esta mantuvo su nivel de adoctrinamiento por todo lo alto. El acuerdo PSOE, PP, C’s era entonces total pero, a estas horas, ha saltado en pedazos.
La voladura del acuerdo entre los partidos constitucionalistas en torno al problema del cisma catalán se debe al nuevo tratamiento que, sobre la cuestión, ha determinado el presidente Sánchez. Ha levantado la fiscalización de las cuentas de la Generalitat e inicia un acercamiento a los independentistas sin que los independentistas estén dispuestos a ceder nada a cambio.
Hay algo que Sánchez no debe olvidar: no han sido las urnas las que le han conducido a la Moncloa sino una moción de censura. Por tanto, la composición de las Cámaras no ha cambiado por el mero hecho de su llegada a la presidencia. Sigue siendo por el momento un presidente que no es diputado y que cuenta con 84 escaños en el Congreso y minoría en el Senado. Ojo al dato.