El protocolo de siempre

El protocolo de siempre

La Constitución española especifica que las mociones de censura han de ser constructivas. Es decir, que han de presentarse encabezadas por un candidato alternativo y avaladas por un programa que mejore claramente el existente. Por eso, la moción presentada en el Congreso de los Diputados por Podemos no ha cumplido ni se ciñe a los preceptos fundamentales que sobre el particular dictaminan el protocolo de la Cámara y sobre todo, nuestra Carta Magna. La propuesta de Podemos y por tanto la candidatura de Pablo Iglesias a la presidencia de la nación, ha sido respaldada por Bildu y Ezquerra Republicana de Catalunya mientras el resto de los escaños han dado la espalda. Sospecho que el motivo principal de esa negativa es su condición de prescindible e irrealizable. Personalmente se me ponen los pelos de punta con solo pensar en un Gobierno de la nación presidido por Pablo Iglesias al amparo de un pacto con ambas fuerzas nacionalistas radicales. Ahí es nada, Bildu desempeñando por ejemplo la cartera de Interior, mandando en el CNI y presidiendo Radio Nacional y Televisión Española.
Pero como me pasa con Pep Guardiola, lo que más me solivianta de este lamentable espectáculo ideado por Podemos utilizando a su criterio el Congreso de los Diputados para salir en los periódicos, es la mentira del propio mensaje.  De situar el debate en el lugar en el que los morados desean se ha encargado Irene Montero, la diputada que se ha abierto paso a empujones en su propio partido, ha ido decapitando compañeros que en realidad eran rivales como Errejón y Carolina Bescansa, y desde lo de Vista Alegre II es la que manda.
Y su lenguaje sigue siendo una vergüenza y una mentira. ¿Desde cuando este país siente miedo de expresarse?, ¿desde cuándo las instituciones no son de fiar y amparan a los ricos y a los poderosos?, ¿desde cuándo está coartada la libertad?, ¿desde cuándo vivimos bajo vigilancia?... Fiel a su costumbre, Podemos ha desplegado todo el repertorio para denigrar las instituciones y se ha manifestado con la vacuidad y el vacío que le caracteriza. Pero esa inconsistencia alarmante no puede servir para que se insulte y se desprestigie un Estado de derecho irreprochable y un país libre, soberano, serio y profundamente democrático como el nuestro, sus instituciones y sus votantes. Claro que eso lo dice una formación que no condena ni a ETA ni al régimen de Maduro. Por algo será.