El PP en la encrucijada

El PP en la encrucijada

El próximo fin de semana, el PP se enfrenta a su momento de mayor transcendencia al menos en los cinco últimos años de existencia. El congreso que va a celebrar el partido elegirá a su nuevo máximo dirigente, y mientras las últimas encuestas le advierten de su pérdida de liderazgo –según los sondeos más recientes sería tercera fuerza tras PSOE y CD’s de llevarse a cabo hoy unas elecciones generales- los populares asisten a una dura campaña por su presidencia que ahora tocará dirimir a más de tres mil compromisarios. Los expertos en ciencia política no son capaces de dilucidar a quién elegirán entre Casado y Santamaría pero en este duelo final, la militancia sí parece tener más claro aquel al que consideran favorito. La que fue vicepresidenta del Gobierno con Mariano Rajoy cuenta con un respaldo mayoritario y es la preferida para dinamizar el partido, otorgarle un nuevo rumbo, recuperar la posición perdida y ganar las próximas elecciones. Pablo Casado solo aventaja a Soraya Sáenz de Santamaría en la posibilidad de renovarlo.
Pero no es únicamente al PP al que afectan estas elecciones internas cuya fórmula representa por otra parte una vistosa novedad en su manera de afrontar su política doméstica en un momento excepcionalmente dramático para una formación que viene de perder el Gobierno en el curso de una moción de censura. Del mismo modo que el proceso de degradación del PSOE sembró la preocupación en un cuerpo social que necesitaba su recuperación y fortaleza como parte fundamental del equilibrio político, la defenestración popular también significa una amenaza para la consecución de una política institucional robusta. Hoy, el Partido Popular paga los desmanes de un comportamiento imposible de disculpar, envuelto en sospechas, y hundido por las prácticas perversas de una parte de sus dirigentes. Esa actuación que ha llevado a muchos de sus máximos responsables al banquillo y a la cárcel, ha castigado duramente al PP en su función de Gobierno y le ha retirado una confianza del electorado de la que gozó en su día y que hoy ha perdido. El Congreso del fin de semana es crucial y de una elección acertada depende no solo su futuro sino el de la política parlamentaria nacional. Que no lo olviden.