El nuevo viento del PSOE

El nuevo viento del PSOE

Las contradicciones que están abocando al PSOE hacia un cisma irreparable no cesan ni siquiera cuando su líder se ausenta por vacaciones porque siempre queda alguien en la garita dispuesto a provocar lo que en términos circenses se conoció en tiempos brillantes de la farándula como el “más difícil todavía”. Sabiamente guiado por su equipo asesor que le ha debido recomendar salir  al menos temporalmente del foco, Pedro Sánchez lleva una semana larga sin pronunciar palabra, un detalle que se agradece profundamente. Pero los que se quedan de guardia no pierden momento para expresar hasta qué punto la gestión intelectual y política de la nueva corriente dominante en el ámbito socialista puede alcanzar puntos de inflexión muy altos, capaces de sembrar el desconcierto en sus filas y la irritación en las filas opositoras.
El de la garita no es otro que José Luis Ábalos,  secretario de Organización del partido, un sujeto aguerrido y dispuesto a distinguirse de los anteriores dirigentes socialistas y especialmente de la gestora a cuenta que hacer todo lo contrario de lo que la gestora hizo en su momento. Si la gestora se planteó un amplio margen de colaboración con el Gobierno, la dirección nueva se cerró en banda con Ábalos a la cabeza negando cualquier vía de disposición o diálogo incluso en aquellas situaciones en las que un alto nivel de colaboración constitucional parece exigible. El delirante procedimiento ha tocado techo por el momento con elanálisis que la dirección del PSOE ha efectuado del conflicto del aeropuesto del Prat en Barcelona, en el que el Gobierno ha decidido la participación de la Guardia Civil para encauzar un escenario que los huelguistas había puesto al borde del fuera de combate. La Guardia Civil llegó al aeródromo condal, se puso a la tarea de reordenar el entuerto y en una mañana  evitó el desastre. El secretario de Organización del PSOE no ha dudado en tildar a la Guardia Civil de esquirol por plegarse a esta intervención, un calificativo tan injusto como indignante y tan duro que al PSOE le va a pasar tarjeta en un futuro porque hay cosas que no se olvidan. Ni por cierto deberían olvidarse.
Tiemblo al pensar la opinión que tiene de uno de los pilares más sólidos de nuestro estado de derecho, un sujeto que sirve los intereses de aquel que quiere llegar a La Moncloa. Si Pedro Sánchez es un día presidente del Gobierno deberá explicar a los mandos del benemérto instituto que estarán a sus órdenes cómo uno de los suyos calificó a los integrantes de una organización modélica de este modo tan vejatorio e ingrato. A lo mejor a Pedro Sánchez se le ocurre hacer de Ábalos su primer ministro del Interior. Tendría gracia.