El nuevo periodismo

El nuevo periodismo

Por lo menos en los viejos tiempos, los periodistas despertábamos en nuestros interlocutores ciertos afanes de protagonismo mal reprimido que se aprovechaban para obtener ventajas bilaterales del encuentro. El entrevistado saciaba su afán de notoriedad, y el entrevistador obtenía alguna confidencia decente que llevarse al bolígrafo, aunque ese acuerdo tácito no pasaba de divertimento porque las cosas no eran como ahora y las confidencias contaban con un alcance muy relativo. En realidad, no llegaba la sangre al río. 
Hoy, al periodismo le pasa lo que el baloncesto: que no se parece ni por asomo al de antes y aquellos que ya no somos mocitos apenas nos enteramos de nada por mucho que hayamos practicado ambos. Yo desconozco hoy la mitad del nuevo reglamento que regula el básquet y no digamos del periodismo. Puesto en la redacción de cualquier medio informativo, no sabría ni por dónde empezar.
Eso no quita, digo yo, para sorprenderme de ciertas situaciones que se producen en el nuevo periodismo, ese que inventó Tom Wolfe cuya novedad se expresa con la inmersión del reportero en la calle y en la posibilidad de contar lo que pasa desde el lugar mismo en que se está produciendo. Muchos lo hemos practicando desde nuestra más tierna adolescencia profesional pero, al contrario de Wolfe, no hemos podido hacernos los trajes blancos y los chápiros de treinta en treinta en el mejor sastre de Manhattan, ni hemos podido llevar botines acharolados a la medida, ni hemos salido a cubrir la noticia en un Cadillac con choferesa. Pero seguimos en ello y ya más tranquilos, nos planteamos el cómo y el porqué de todo ello.
Hace unos días, supe gracias a las explicaciones expresadas en algunos periódicos de su tierra por el embajador británico en Madrid, el motivo por el que numerosos paisanos suyos se rompían la crisma con frecuencia cayéndose borrachos como cubas desde las balconadas de sus apartamentos de verano en las costas españolas. El embajador aclaró ungido por la ciencia, que las copas que se servían en España estaban más cargadas que las británicas y los suyos de no estaban habituados y se entrompaban como bueyes sin quererlo, perdiendo la noción y tirándose a la piscina desde el piso tercero. Será el nuevo periodismo. Puro nervio…