El ingreso esperado

El ingreso esperado

Iñaki Udangarín ha ingresado a primera hora de la mañana de ayer en una cárcel de la provincia de Ávila. Se trata de un centro penitenciario relativamente nuevo y empleado para uso exclusivo de mujeres que el famoso recluso ha elegido por sus excelentes condiciones. Está bien conectado con Madrid donde se llega en pocos minutos, y posee unas instalaciones muy apropiadas. Por ejemplo, un módulo individual que ya ocupó en su momento el exdirector general de la Guardia Civil Luis Roldán, y un completo cuadro de zonas de esparcimiento y formación que le van a venir muy bien para el año y pico que habrá de transcurrir en régimen de reclusión completa hasta poder acceder a un grado más flexible. Según se ha comunicado, al recluso le han instalado nada más llegar al centro, un aparato de televisión en su celda, una providencia que se supone no es precisamente frecuente. Si no fuera porque es de mal pensados suponerlo, yo diría que Iñaqui Urdangarían se ha beneficiado de un trato suavemente favorable.
En todo caso, y reconociendo mi completa ignorancia en estas cuestiones que no me permiten discernir, por ejemplo, si todo el mundo tiene derecho a elegir el centro penitenciario que desea para cumplir su condena, y en qué condiciones de reclusión quiere pasar el tiempo que le corresponde antes de acceder a un grado más favorable, sí digo que en verdad y con este ingreso se demuestra que la Justicia es para todos además de inexorable. Nunca dudé que así fuera porque nunca supuse que un país que es ejemplo de equidad y democracia pudiera permitirse el lujo de no aplicar el castigo que le corresponde a quien ha sido juzgado, encontrado culpable y condenado por los tribunales respetando todos sus derechos y recorriendo su causa todas las instancias. Quienes suponían que Urdangarín se libraría del amargo trago de ingresar en presidio por ser yerno de quien es y por pertenecer a la familia a la que pertenece, desconocía los fundamentos jurídicos de un país al que el mundo considera en los puestos de cabeza de las democracias más serías y avanzadas. El cuñado del rey Felipe –quien desde hace mucho puso prudente tierra de por medio en sus relaciones con el reo muy posiblemente porque el personaje le defraudó pronto en el plano personal, y con toda seguridad, para preservar su corona- cumplirá una condena de cinco años y medio que es una cosa muy seria. Hay un antes y un después de esta sentencia.