El gol sindical

A la ministra de Trabajo, según sus palabras, le han metido un gol por la escuadra, loable reconocimiento propio al error cometido que la honra  en su condición individual pero que sigue demostrando la permanente posición dubitativa de todo el Ejecutivo. Lo que no está sin embargo demostrado ni aparece libre de polémica es el acierto o desacierto de este rechazo a la constitución de un sindicato de trabajadoras del sexo en función de la supuesta ilegalidad de la práctica. La triste realidad es que el ejercicio de la prostitución está, a estas alturas del siglo XXI, en un verdadero limbo administrativo porque nadie sabe de verdad qué hacer con la profesionales de este trabajo al que siempre acompaña un vacío legal que debería ser legislado en justa reciprocidad a su práctica abierta, multitudinaria y consentida. Si la ministra Valerio considera que aprobar la puesta en funcionamiento de un sindicato de prostitutas no puede ser tolerado y se acusa a  sí misma de haber cometido la negligencia de dejarse colar su constitución, existe un después de este supuesto que tampoco tiene fácil arreglo. En realidad, seguir considerando por parte de los gobernantes la práctica de la prostitución como un negocio ilícito es una situación de acendrado cinismo que no puede seguir permitiéndose porque esa misma negación implica el reconocimiento de que se llevan a cabo en el país prácticas delictivas no sujetas a las correspondientes acciones legales. Por otra parte, la ministra se ha comido con patatas el trámite de un sindicato que ahora ha de repudiar, pero el trámite está aceptado y en buena ley debería seguir su curso que es lo que proclaman y defienden las representantes –no legales al parecer- del gremio. En definitiva, un lío no muy diferente a otros muchos que han obligado al Gobierno a tomar decisiones  que al día siguiente hay que corregir.
En todo caso, lo que sí va adquiriendo caracteres del más definitivo de los renuncios, la crónica de unos acontecimientos cantados por otra parte, es el tratamiento de la crisis catalana. Sánchez se verá abocado a aplicar el 155 porque en la deriva de Torra y los suyos no hay vuelto de hoja. Y mientras, el PP se esconde. Lejos de respaldar la labor titánica de Ciudadanos en territorio comanche alega que no desea añadir crispación. Es un razonamiento tan liviano y tan torpe que no cuela.