Dignidad en el adiós

Dignidad en el adiós

La dignidad con la que Mariano Rajoy se ha retirado de la vida política, no me sorprende personalmente porque hace tiempo que lo conozco y conozco por tanto también la nobleza de sus costumbres. Me sorprende sin embargo que este comportamiento haya podido parecer inusual a algunos sectores de la opinión pública a los que tan ponderado modo de decir adiós ha causado cierto asombro.  Rajoy puede tener defectos y de hecho los tiene, pero no es la ambición a toda costa uno de ellos. Se ha ido con la elegancia y el decoro que distingue a las buenas gentes, demostrando que las cosas se pueden hacer así aunque los que así actúan sean también los menos.
De hecho, sus antecesores en las tareas de la presidencia han sido menos decorosos en la depedida, y esa permanente intención de manejar los hilos desde las sombras apelando a un intangible tan lábil y peligroso como la capacidad de influencia, propone episodios tan caóticos como inconsecuentes. Vean ustedes a Aznar meneando lo que le queda de bigote como si estuviera  comiendo canelones rellenos  permanentemente, saltando de oca en oca por el tablero del proceso sucesorio del PP procurando hacerse el interesante porque de eso lleva viviendo desde hace tiempo. Lo mismo le pasa a Zapatero, quien se ha  convertido en un diletante majadero cuya última y sonora manifestación se refiere a su candidato preferido no para presidir Ferraz sino para presidir Génova. Zapatero ha dicho que prefiere a Soraya Sáenz de Santamaría. Los expertos en la política del centro derecha están en estos momentos analizando si en verdad con quien Zapatero está aliado es con Casado y ambos han decidido lanzar una piedra al aire que le caiga en un ojo a la antigua vicepresidenta marianista. 
Hace ya mucho que los ex presidentes se ganan la vida muy buenamente haciendo mediaciones, reflexionando en voz alta o pronunciando conferencias. Eso, mientras siguen compartiendo la bicoca del Consejo de Estado. Rajoy ha dicho no a todas esas prebendas. La moción de censura fue feroz y convirtió al ex presidente gallego en el pegamento con el que unir todas las iras a babor del espectro. Al final, Rajoy ha sido el único serio, sensato y honesto de este turbio guateque.