Diez años

La historia más reciente dice que ayer se cumplieron diez años justos y exactos de la crisis económica y financiera que sorprendió –a unos más que otros honesto es reconocerlo- echando poco menos que la siesta. Hace justo diez años ayer,  la banca francesa manifestó en estado de shock haber sido contaminada por las entidades de ahorro norteamericanas a las que les había estallado en la cara  el reparto de las llamadas hipotecas “subprime”, y la Unión Europea se encontró sin saberlo ante la situación más devastadora ocurrida en sus territorios en tiempos de paz. Esta fecha es por tanto y oficialmente el inicio de la pesadilla.
La misma Unión Europea cuyas máximas instituciones apenas consiguieron improvisar una respuesta apresurada a todo lo que se les venía encima con la que no consiguió contener los devastadores efectos de un tsunami económico sin precedentes,  expresaron ayer  la seguridad de que la crisis había sido oficialmente también superada y ya era cosa del pasado.  Probablemente es cierto, aunque no sobraría reflexionar sobre una cuestión de tan grande magnitud que puso a media Europa en el camino de la quiebra. Los organismos comunitarios no acertaron a calibrar la dimensión del fenómeno y muy pocos meses después Irlanda, Grecia y Portugal hubieron de solicitar rescate. Y España estuvo en puertas de tener que hacerlo.
Diez años después, la UE ha vuelto a su ser aunque es muy posible que ya nada pueda expresarse como antes. El azote de aquella crisis económica que nos pilló con estos pelos no solo martirizó el sistema económico y financiero de un buen número de países sino que cambió por completo los hábitos y los comportamientos de todo el continente, obligado a platearse un futuro mucho más austero y comedido que el pasado y el presente que  había vivido hasta aquella fecha fatídica. Los que no sabíamos nada de economía comenzamos a conocer por su presencia en carne propia el significado de conceptos tan hasta entonces desconocidos como el de la prima de riesgo –estuvo  a 638 puntos básicos en el verano de 2012 y ayer cerró a 99- y lo que es mucho peor, entendió que aquellas cifras originaban una tragedia que nos vació para mucho tiempo el bolsillo. Aquello de la prima de riesgo sonaba a sainete pero lo cierto es que éramos cada día más pobres.
Si aceptamos por tanto, que la tormenta ha pasado y que iniciamos un camino nuevo y reconstruido, lo primero que cumple hacer es exigir que se apliquen los mecanismos de control capaces de evitar que algo así vuelva a repetirse. Hoy, y al menos desde el prisma de los grandes números, el país vuelve a recobrar el ritmo y esa situación se observa en la calle. Que no nos venga otra.