De leyenda a miseria

De leyenda a miseria

Reconozco que uno de los personajes públicos que más me ha defraudado ha sido Luiz Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil durante dos legislaturas y hoy acorralado por media docena de acusaciones de corrupción a gran escala una de las cuales, la que hace referencia a un chalé regalado  por una multinacional a cambio de favores, está a punto de ser declarada vista para sentencia con petición de cárcel para el ex primer ministro y cinco personas más. Los quebrantos de un hombre al que se consideraba en los foros internacionales un regenerador de la infectada política de su país, no acaban  con esta próxima sentencia que le puede llevar a prisión, y los largos tentáculos de Petrobras -la empresa petrolera pública que ha puesto el país perdido de corrupción y que ha cubierto de vergüenza a la mayor parte de la clase política brasileña- generan procesos paralelos todavía abiertos. Lula, símbolo y orgullo de la clase obrera y adalid del Partido de los Trabajadores, no parece a estas alturas otra cosa que un golfo más en un país en el que la golfería no es comparable a la de los países europeos. En Brasil, donde todo se genera y florece a lo bestia incluyendo el petróleo,  la corrupción ha dejado las cuentas a cero. Hay que llevárselo crudo en vagones para esquilmar un territorio inconmensurable en el que ni siquiera hace falta sembrar para que todo crezca. Crece solo y sin freno.
Sospecho que el desencanto generado por  una figura como la de Lula que había sido capaz de encandilar a la mayor parte de la población brasileña   debe ser insoportable. Campechano y prudente, listo e intuitivo para afrontar parcelas como la económica y la social a pesar de no poseer formación académica alguna, a Lula se le convirtió en leyenda, y su gestión pareció tocada por la varita mágica del milagro hasta el punto de que Brasil se hizo un sitio en el concierto internacional como ejemplo de economía emergente. El globo se pinchó muy pronto  y tras unos años de aparente y ficticia recuperación que Lula aprovechó para  quitarse de en medio, el castillo de naipes se derrumbó con estrépito.  Prefirió dejar en su lugar a una de sus alumnas mejor dotadas quien también cayó sin honor aunque sería bueno preguntarse si entre los dirigentes de este país alguno lo tiene incluyendo su actual presidente.
Hoy, Lula apela al mismo argumento de los anteriores dirigentes pillados con las manos en la masa. El de la campaña orquestada en contra. Pero me da que ya no cuela.