Cuando ya es tarde

Cuando ya es tarde

Una parte de la opinión pública parece sorprendida al conocer el alcance de la sentencia dictada contra los participantes en las protestas del Gamonal, el barrio de Burgos algunos de cuyos vecinos se lanzaron a la calle de madrugada y protagonizaron duros altercados para mostrar su desacuerdo con la conversión de una avenida del lugar en un bulevar planificado en compañía de un aparcamiento subterráneo. Los manifestantes protagonizaron largas noches de alborotos sembradas de cascotes y ladrillazos, carreras, enfrentamientos, intervención de la fuerza pública, quema de contenedores, destrozos de mobiliario urbano y un largo catálogo de episodios violentos que tres años después de los hechos han acabado con sus principales protagonistas sentados en el banquillo. Una joven a la que se acusa de desórdenes públicos en grado de cumplimiento ha sido condenada aun año de cárcel, cuatro más acusados de atentado se les condena a seis meses, y un último participante fue puesto en libertad sin cargos.  El alcance de la decisión judicial ha causado, por lo que se advierte, un efecto demoledor en la barriada y muchos se preguntan por estas fechas cómo se ha producido una decisión judicial tan severa. Pues es muy fácil.
La respuesta es la que es desgraciadamente. Las gentes en general no tienen sentido de la responsabilidad que asumen cuando se involucran en situaciones que parecen adquirir en la mente de los que las propician la amable apariencia de un juego. Como esto de echarse a la calle y liarse a pedradas con la fuerza pública para protestar por cualquier situación, pateando de paso bancos, cubos de basura y farolas es un ejercicio por  demás tonificante, conviene practicarlo. Aunque sería muy pertinente que antes de ponerse a ello, se supiera que involucrarse en semejantes actividades tiene un precio. Cuando la justicia se pone  en marcha no hay quien la detenga. Y luego vienen los llantos.
Un año en la cárcel es un dramático trago pero también es la pena que corresponde a quienes, sin tener verdadera conciencia de lo que hacen, se sumergen en la vorágine de la pelea callejera hasta que se produce una respuesta que menos se imaginan y se convierte en inexorable. 
La mayor parte de los involucrados en estos actos de violencia callejera son chicas y chicos  muy jóvenes, sin experiencia que va a estas guerras como quien va de copas. Hasta que comprenden que las cosas van en serio… Y entonces ya es tarde.