Codo con codo

Las crónicas dicen que al único presidente de una  federación deportiva que no sabe pronunciar correctamente el  nombre del deporte que preside, se lo han llevado como dice el poeta que se llevaron uin aciago día al pobre Antoñito el Camborio. Dice Federico en su romace que “Guardia Civil caminera lo llevó codo con codo” y, salvando las distancias que marca el tiempo y los nuevos hábitos sociales, así se lo llevaron los guardias de UCO una división muy de moda de la Benemérita que se lleva detenidos a los aspirantes a chirozos de élite.


No hace falta especificar que el interfecto es Ángel María Villar, ex veloz interior izquierdo del Athletic de Bilbao que corría  como un gamo la banda del viejo San Mamés y que ahora se ha especializado en otros cometidos, otras carreras y otras bandas no de música precisamente. Lleva ocupando el sillón de la Real Federación Española de Fútbol casi un cuarto de siglo y nadie ha cuestionado este disparate durante estos veinticinco años en los que el antiguo león después abogado y finalmente federativo, se ha convertido en dueño y señor de los destinos de la federación más apetitosa que pueda soñarse. Villar  no se ha ido solo al trullo, porque le acompaña Gorka, su hijo y avezado discípulo. Recuerdo cuando José María García acosaba sin piedad a su antecesor en el cargo y tenía a Pablo Porta literalmente frito. Paradójicamente, este largo periodo de gobierno protagonizado por Villar no ha sido cuestionado por nadie y mucho menos, por los medios de comunicación. Todos ellos han sportado estoicamente los desplantes, regateos, silencios e incluso improperios de un presidente que ha hecho en el cargo lo que le ha dado la gana. No ha rendido cuentas a nadie, nadie le ha solicitado responsabilidades, no ha tenido oposición, nadie le ha puesto en apuros ni  ha tenido que dar explicaciones. El llamado “Villarato” ha sido un régimen aceptado sin un ápice de rebeldía.


Personalmente supuse que la caída de Platini en la UEFA significaría la antesala del desmembramiento de Villar pero me equivoqué. La situación fue tan pintoresca que fue precisamente Villar el llamado a sustituirle de forma interina hasta la elección de un sucesor. Ha sido necesaria una espera superior a tres años para que aquello que todos sospechaban se produjera.


Ayer se escribía el primer acto de un nuevo romance que narra la conversión de este señor que dice “funbol” en imputado por varios delitos. La conversión de Villar en Antoñito el Camborio. Que bonito.