La cita del Tribunal de Cuentas

La cita del Tribunal de Cuentas

Sospecho que la estrategia que el Gobierno va a aplicar a la noble y compleja tarea de tratar de neutralizar el secesionismo catalán es el de “la pela es la pela” que es una de las cosas que más duelen históricamente a los catalanes, muy laboriosos y vigilantes con los asuntos que atañen al bolsillo propio. Me viene a la memoria  la conocida historia del cerco al gangster Al Capone al que las autoridades federales terminaron trincando por delito fiscal a la vista de que parecía prácticamente imposible meterle mano por la vía criminal en la que el pandillero estaba a resguardo.
El Tribunal de Cuentas apelando a su competencia sobre este tema, acaba de citar a Artur Mas y otros diez altos cargos a los que solicita el pago de cinco millones y medio de euros por los gastos derivados de la convocatoria ilegal del 9-N, y ha fijado la cita para el día 25 de septiembre, a una semana de la convocatoria fraudulenta del 1-O. Conviene aclarar que el Tribunal de Cuentas es el supremo órgano  fiscalizador de las actividades económicas y financieras  del Estado, lo que incluye las administraciones públicas y también los partidos políticos. Se asienta sobre una sólida organización cuyos consejeros son designados por ambas cámaras procedentes de ámbitos expertos: censores jurados, magistrados, fiscales, catedráticos, altos funcionarios y profesionales del Derecho, la Economía y las Finanzas. En definitiva, una institución  de una gran fortaleza con la que no conviene gastar bromas. La reacción de los líderes independentistas ha sido como siempre incalificable y se basa en la consabida cantinela de la respuesta desproporcionada. Pero si bien las decisiones del Tribunal Constitucional tienen un coste político de proyección futura, en el caso del Tribunal de Cuentas la repercusión afecta al patrimonio personal de los citados. Y en ese ámbito concreto, la maquinaria administrativa es despiadada, se pone en marcha sola y actúa como un rodillo sin detenerse hasta obtener el pago. Es una trituradora que va almacenando plazos, retrasos, impagos y responde con embargos, inmovilizaciones, enajenación de bienes y cuentas… y no para hasta alcanzar su objetivo más tarde o más temprano. O se satisface la deuda contraída y sus incrementos o se acaba en la miseria, con todos los recursos cautivos e incluso en la cárcel.
Esa situación debería atemorizar y atemoriza porque no es un discurso político ni un debate sobre la legalidad o no de la causa independentista lo que se ventila sino el patrimonio personal. La estabilidad futura, ojo al parche que es muy serio y hace daño.