Cien años de una venganza

Cien años de una venganza

El 20 de diciembre de 1918 se estrenaba en el teatro de la Comedia de Madrid la comedia más representada de toda la historia literaria nacional. “La Venganza de Don Mendo”, escrita por el gaditano Pedro Muñoz Seca, cumple por tanto cien años desde aquella primera representación a la que puso música el maestro Torroba y solo tres dramas clásicos, “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, “Fuente Ovejuna” de Lope y “La vida es sueño” de Calderón de la Barca superan en presencias a este astracán en ripio del que muchas generaciones de españoles desde entonces –entre los que orgullosamente me encuentro- conocen largos pasajes de memoria.
Muñoz Seca tuvo, como muchos lectores saben, un final trágico. Detenido en Barcelona por milicianos anarquistas en los primeros días de la guerra, fue enviado preso a Madrid, encarcelado en la Modelo y fusilado en una de las tristemente famosas sacas de Paracuellos. Hay quien dice que ante sus verdugos, el escritor se despidió con humor e ironía: “todo me podéis quitar –dicen que dijo- menos el miedo que estoy pasando”. Probablemente es falso porque ninguno de los que formaban la cuerda de presos que le acompañó en el suplicio vivió para contarlo, y sospecho que ninguno de los asesinos que le barrieron a tiros lo comentó a su vez, pero este final es digno de un personaje que hizo de la risa y el sentido del humor su mejor bandera.
La maldita heredad política de la que nunca hemos sabido desvincularnos ha convertido durante mucho tiempo a Muñoz Seca en un autor maldito especialmente si gobernaba la izquierda, aunque tampoco la derecha hizo demasiado por su memoria para no distinguirse demasiado en la protección de un autor que fue condenado al paredón simplemente por ser católico y monárquico. Cosas del rubor. Al fin y al cabo Muñoz Seca no es el único escritor o artista que ha padecido la inexorable influencia de la cuestión ideológica que en el caso del andaluz le costó la vida. No fue su única víctima y Antonio Machado,  Miguel Hernández, Ramiro de Maeztu además de Muñoz Seca son ejemplos vivos de la barbarie indiscriminada que nos ha perseguido como pueblo y como individuos y de la que no nos podemos librar o a lo mejor no siquiera hemos querido. “La venganza de Don Mendo” es una delicia que aconsejo vean representada y comprueben que, un siglo después, sus divertidos versos nos invitan a reír a carcajadas y a llorar a su autor a lágrima viva.