Por la boca muere el pez

Por la boca muere el pez

Fernando Trueba, es un veterano director de cine que antes fue periodista y que, tras una primera película llamada “Opera prima” que es mucho peor de lo que los amables comentarios de entonces podían dar a entender, hizo otra posterior llamada “Belle Époque” que es en mi opinión su mejor trabajo y mereció con toda justicia el Oscar 1993 a la mejor cinta de habla no inglesa. Sin embargo, no es este film ni tampoco su ingeniosa tragicomedia “La niña de tus ojos” cinco años después lo que ha hecho del cineasta madrileño un personaje en la cumbre del debate sino la boca, por donde dicen los castizos que muere el pez. Hace algo más de un año, y en el momento de recibir el premio nacional de Cinematografía, ya por mantener la posición sumamente crítica de la que hace gala la gente del cine en sus relaciones con el Gobierno del PP, ya por afirmarse como heterodoxo, o simplemente por aparentar, Fernando Trueba se comportó como un imbécil. Sus controvertidas palabras estallaron como una granada de mano en todos los ámbitos y no es para menos porque el famoso realizador afirmó que nunca jamás se había sentido español ni cinco minutos de su vida, y concluyó un parlamento que dejó sin habla a gran parte del público asistente manifestando que en caso de guerra iría con el enemigo. Una parte de la opinión pública trató de quitarle hierro a aquella declaración, pero muchos le tomaron la matrícula y no se lo han perdonado jamás. La estupidez no tiene bandera y se manifiesta en todos los compartimentos del amplio espectro ideológico de modo que nadie está libre ni a salvo de abrazara al menos una vez en la vida y eso le ha pasado a él. Todo el mundo sabe además del mucho dinero público del que disfruta en sus producciones y que otros no tienen.
Trueba comprendió pronto que aquella monumental simpleza le pasaría factura y trató de minimizar sus consecuencias. Pero el mal ya estaba hecho y marcaba a fuego la trayectoria de un director de cine probablemente peor de lo que muchos sectores se han empeñado en hacer creer pero mucho mejor de lo que predican sus detractores. El caso es que la campaña boicot ha funcionado lamentablemente y la secuela de su antiguo éxito llamada hoy “La reina de España” ha cosechado en su estreno unas cifras muy modestas además de acompañarse de una fuerte polémica. La boca, dicen en el mus, no hace juego. Pero solo en el mus.