Antes prevenir

Ha vuelto a ocurrir y hay que llegar a la conclusión de que se trata de un escenario tan propio de nosotros que es posible que sin este tipo de reacciones el país no hubiera evolucionado.  
La sentencia impuesta a los miembros de esta inquietante pandilla de amigos que se hace llamar la Manada ha desatado un auténtico clamor popular que probablemente los magistrados ponentes no habían alcanzado a tener en consideración calculando que el resultado de sus deliberaciones suscitaría algunos comentarios y crearía una cierta polémica, pero en ningún modo tan enérgica como la que ha suscitado. Muchos integrantes de este amplio colectivo apenas tienen conciencia de la incidencia que sus resoluciones puede crear entre la población. Por tanto, no pueden entender que esas resoluciones puedan obtener respuesta en los ciudadanos. De hecho, todo parece indicar que la judicatura está ingratamente sorprendida por la reacción de la sentencia de Pamplona y estoy seguro de que, a estas horas, está preguntándose qué han hecho mal para haber levantado tanto revuelo. No lo comprenden e incluso sienten temor por la reacción de la gente. Es humano porque uno teme lo que no entiende.
Pero en verdad, la opinión pública ha reaccionado presta y muy contundente ante el contenido de la sentencia, configurando un escenario que probablemente obligará a una reflexión profunda sobre el contenido de las leyes que regulan la suerte de la mujer. La reflexión invitará a una modificación del código al que ya se han abonado desde los representantes de entidades políticas hasta el propio ministro de Justicia -quien se ha puesto del lado de los descontentos y sugiere la posibilidad de cambiar la ley- además de los colectivos y asociaciones ciudadanas que mantienen un pulso para que el debate continúe y no se convierta en agua de borrajas.
Como decía en un principio y como suele ocurrirnos con frecuencia, ha tenido que producirse un caso de manifiesta entidad para que los legisladores entiendan la necesidad de modificar el código de Justicia y yo siempre me pregunto si no sería mucho más razonable que se legislara antes de que una tragedia invitara a hacerlo. No es fácil adelantarse a los hechos y curarse en salud antes de lamentarlo, pero ese es uno de los objetivos de la democracia y una de las obligaciones fundamentales de aquellos a los que se elige para gobernarnos.
 Los jueces se expresan en función del contenido de las leyes. Bueno sería modificarlas antes de que se produjera esa sensación de desvalimiento que a veces transmiten sus decisiones.