Ahí viene mayo

Ahí viene mayo, como decía un estupendo músico gallego de los sesenta, hoy el doctor Emilio Batallán, al que no he tenido nunca la suerte de conocer personalmente, y viene cargado de elementos de notable influencia en el trascurrir de la vida cotidiana nacional. Mayo es mucho mayo digo yo que cumplo años en él, un mes en el que se mató el marqués de Portago metido en un coche participando en una carrera de velocidad pura por carreteras convencionales y en cuyo accidente mató a su vez a su copiloto y a diez espectadores que contemplaban desde las cunetas el paso de los participantes. Alfonso de Portago fue un divino playboy español que lo mismo jugaba al tenis y al polo que pilotaba una avioneta, corría en gran turismo o fórmula 1, o ganaba el primer diploma olímpico para España en una olimpiada de invierno a los mandos de un bobsligth. Como se lo cuento.
En mayo de este año -que como todos los años, se abre al  mundo con rosas y flores, y la Fiesta del Trabajo que en tiempos de Franco se llamó de San José Obrero que parece broma- se va a celebrar el festival de Eurovisión y ya ratifica Arnaldo Otegi que ETA  escenificará en mayo también su disolución en el curso, sospecho, de unos juegos florales en los que los etarras aparecen con boinas de diseño aunque ya quizá a cara descubierta después de ese infame comunicado que acentúa más la vileza de los que pertenecieron a la banda, los que pertenecen ahora, y los que llevan medio siglo bailándoles el agua. Otegi es de esa calaña, se inició en ETA, fue polimili y luego pasó a la reserva y a ejercer de político, si bien ahora siente deseos de convertirse en actor y escenificar una comedia que ni siquiera a él debería tolerársele
ETA se disuelve en mayo, pero los etarras aún no han entendido que lo de la muerte de la banda terrorista no es como darse de baja de una compañía de telefonía móvil. El proceso tampoco es como el de dimitir: despedirse de los compañeros de toda la vida, pronunciar unas palabras entre canapé y canapé, cerrar el garito y marcharse a casa. No eso, no es eso. El problema es que estos sujetos que se despiden de la audiencia por carta pidiendo disculpas a los muertos buenos y silenciando a todos los demás, han asesinado a más de ochocientas personas -trescientos y pico civiles, y casi quinientos policías y militares- y en muchas de estas bestialidades no se ha identificado siquiera el autor o autores de las masacres. Hay mujeres, hombres, viejos, jóvenes, niños, jueces, militares, policías, industriales, trabajadores, políticos, periodistas, ingenieros, amas de casa… cuya memoria clama justicia. No. Curas no hay ninguno.