El otro abrazo de Vergara

El otro abrazo de Vergara

Incluso en su agonía, la banda terrorista ETA pretende hacer de este morir irremediable un acto por el que pasar a la historia. Ha anunciado que entregará las armas y pretende llevar a cabo este último episodio en un escenario que a los restos de esta pandilla criminal les resulte lo más beneficioso posible. Pretende escenificar un heroico final como si fuera el de un ejército que por deseo propio establece de forma unilateral el momento de abandonar su lucha  armada. Lo que queda de una organización sepultada y una dirección en precario exige rememorar una especie de abrazo de Vergara  en territorio francés y en presencia de observadores internacionales que fiscalicen el procedimiento y den cuenta de su pureza y neutralidad. Un buen truco al fin y al cabo porque ETA sabe que esa situación es falsa, pero mientras existan instituciones que se avengan a participar en su comedia la banda seguirá tratando de obtener partido incluso de su propio e irremediable fallecimiento.
Sin embargo, tanto el gobierno francés como el español y muy probablemente el gobierno vasco -aunque éste continúe instalado en su habitual posición nunca firme y siempre entre dos aguas-  han manifestado  su decisión de no querer sumarse a los actores de esta particular pantomima ya con anterioridad representada. El gobierno español dice que la única vía es la rendición incondicional y la disolución posterior. Y así será sin duda porque no existe otra fórmula.
ETA no pone fin a crímenes de más de medio siglo por voluntad propia sino por imperativo categórico. La labor policial y los tribunales de Justicia han sido quienes les han llevado a un esperado fin que ETA asume no por gusto ni por propia iniciativa sino porque está destruida, sin infraestructura, sin apoyos, sin refugios, sin prerrogativas y probablemente sin armas –seguramente los explosivos y la munición que tienen fecha de caducidad están ya inservibles o a punto de serlo- y sabe que su tiempo se ha acabado.
Por eso aspira a obtener de su rendición un rédito que pueda permitirle a los supervivientes salir indemnes y no asumir  las consecuencias de sus actos. Sin embargo, el protocolo que ETA desea imponer para entregar las armas no es más que un último y desesperado intento de manipulación porque la banda terrorista ya no está en condiciones de exigir nada. Rendición sin exclusiones, disolución sin condiciones y castigo justo. Y nada de pasar página…