Querido señor Puigdemont

Querido señor Puigdemont

Como presidente del Gobierno español debo expresarle, mi querido Carles Puigdemont, mi admiración por su perseverancia al reclamarme desde que accedió a la presidencia de la Generalidad catalana hace año y medio que negocie con usted un referéndum para independizar Cataluña de España.
 Día tras día rogándome que le conceda la ruptura de nuestro país con la pasión de quien pide la mano de una señorita catalana para cercenársela, pues pedir la mano y no todo lo demás mutila el cuerpo, como pasa con la tribu de las mujeres mancas que se vengan dejando a los hombres sin gónadas, lo que extingue esa nación cultural.
 Su obsesión le ha llevado a pedirme indirectamente que envíe tropas y artilugios bélicos a Cataluña. El “¿Va usted a usar la fuerza?” es un sobrentendido como el de “¿Me da el 3% si le concedo la obra?”
 Mi querido amigo: sólo la CUP estaría dispuesta mantener la tradición insurreccional de los anarquistas catalanes, y sobrarán fuerzas para controlarlos cuando ponga bajo mi autoridad a los Mossos d’Esquadra.
 Ni nacional ni internacionalmente tiene usted quien lo apoye: la UE, la ONU y sus miembros, la Fundación Carter, la Comisión de Venecia del Consejo de Europa, todos rechazan sus peticiones y le dicen que nadie puede saltarse la Constitución española según la cual usted es tan dueño de mi Sanxenxo como yo de su Barcelona.
 Ahora organiza en el Parlamento catalán jornadas sobre las acciones preventivas de mi Gobierno para evitar la locura independentista.
 Y para ello se llevan ustedes para que digan que España es una dictadura a lo más granado del país: al juez expulsado Elpidio Silva y al periodista histéricamente gritón Ernesto Ekaizer: con estos apoyos nadie puede tomar su causa en serio, mi querido amigo.