La vida es bella

Confieso con visible pesadumbre que los acontecimientos políticos en Cataluña ya ni afectan ni me interesan, y que he escuchado la  adversa noticia de que los separatistas han recuperado el control de la Cámara como quien oye llover. Hasta las ilegales elecciones que acabaron con sus  organizadores huidos o en la cárcel, mostré yo una fina sensibilidad hacia el desarrollo y desenlace del proceso porque suponía con cierta razón que había en juego un buen puñado de cuestiones de interés que no solo afectaban a los catalanes -tanto a los partidarios de la secesión como a los de la unidad- sino al resto del país. Pero ha pasado el día, ha pasado la romería y me he convencido a mí mismo de que hay en el panorama compartido del país cosas mucho más importantes que está frenética y estúpida cuestión. Y sospecho que, una vez que el Parlamento catalán vuelve a manos de los mismos que protagonizaron aquella vergonzosa caricatura de sesión plenaria en la que se declaró la República independiente, la hoja de ruta no va a ser sustancialmente modificada a pesar de que, en general, los personajes que propiciaron aquel impudoroso  esperpento han abjurado ante el juez de sus convicciones acatando lo que mande la autoridad judicial aunque el acatamiento se haga  cruzando los dedos detrás de la espalda y con la boca pequeña.
En este sombrío panorama que condena por ejemplo a los auténticos ganadores de las elecciones –las ganó de manera incontrovertible Ciudadans y no conviene olvidarse de ello- a un papel de meros comparsas de nuevo en una cámara que pronto comenzará a hacer de las suyas porque va a seguir cautiva de las exigencias de la CUP y la Cup exige como medida previa la proclamación de la República, el único y humorístico consuelo es esa alegre bufonada del territorio independiente de Tabarnia con un romántico y viejo cómico en su exilio madrileño, Albert Boadella, como adorable presidente. Si Pujdemont aspira a presidir el Gobierno de Cataluña en holograma como si fuera la princesa Leia, por qué no va a aspirar a ello Boadella que es mucho más serio en su cachondez e inspira mucho más cariño y respeto que el fantasma de Bruselas.
Lo dicho. Hay muchas cosas que merecen una mayor reflexión y un más sensato detenimiento que esta matraca de ida y vuelta con la que nos van a dar los desayunos todo el tiempo que sea necesario marear la perdiz. La vida es bella y no conviene oscurecerla.