Hagamos cuentas

Hasta hace algunas semanas, suponía yo que la separación que la Cataluña secesionista planteaba  podía considerarse como una tragedia no solo para los catalanes sino también para el resto de los españoles. Es un concepto que se ha repetido tanto que hemos acabado por creerlo a pies juntillas sin sentarnos a hacer cálculos. La catástrofe que debería suceder a la separación de los catalanes debería ser de una naturaleza tan dramática y tan profunda que no había ni que pensar en ella especialmente en el aspecto económico en el que las pérdidas  producidas por el divorcio debían ser de una magnitud insoportable.  Especialmente para el resto del país que, supuestamente, no podría ni pensar en permitirse esos lujos suicidas de prescindir de la contribución de la economía generada por Cataluña y su presencia extraordinaria en el PIB. En definitiva, y según las fuentes oficiales, todos vamos a salir perdiendo irremisiblemente si esta ruptura acaba produciéndose.
Con esta Cataluña vergonzante que los independentistas nos han impuesto, todo ha sido pudor, vergüenza y miedo. El rollo metafísico de la trascendencia de Cataluña ha calado hondo y todos estos años hemos vivido simplemente acojonados y en situación de angustia no fuera el demonio que hiciéramos algo que cabreara a los catalanes. Pero a estas alturas de la película, con un prófugo haciendo payasadas por Europa adelante al que el resto de sus aliados quiere hacer presidente del gobierno de su región como si fuera un holograma al estilo de Obi-Wan Kenobi, un presidente de la cámara autonómica que ha participado en el hostigamiento a las fuerzas de orden público –hecho por el cuál los jefes del movimiento están en la cárcel- y una mayoría de nuevo independentista que va a volver a la carga con la misma penosa carnavalada, va siendo hora de tirar de hoja de cálculos y saber, de verdad de la buena, quien es el que en este montaje independentista pierde y quien es el que gana. Es probable que nos llevemos una buena sorpresa y sepamos que el dinero a espuertas que ha costado el trágala ejerce de balancín para neutralizar la contribución de Cataluña a la economía de todos. La deuda de Cataluña se ha frenado gracias a la intervención de sus cuentas pero no se ha enjugado y es superior prácticamente al resto de las comunidades juntas. Y el desastre crece aunque nadie se acuerde de las empresas que se han marchado y no volverán jamás.
Por esto y por algunas cosas más, hay que empezar a pensárselo. No sea que salgamos ganando… y no nos hayamos enterado.