Félix y los animalistas

Félix y los animalistas

Si Félix Rodríguez de la Fuente viviera ahora y dijera que era cazador seguramente los animalistas lo acosarían como a una famosa cazadora de 27 años, Melania Capitán, que se suicidó esta última semana cerca de Huesca posiblemente hastiada de las amenazas con mandíbulas de hienas que sufrió de fanáticos defensores de especies no humanas.
 El cronista tuvo el honor de ser amigo de Félix Rodríguez de la Fuente y de ayudar, cuando empezaba como periodista, a su campaña para evitar la desecación de las Tablas de Daimiel para dedicarlas a la agricultura y la ganadería.
 La defensa de Félix de la caza controlada y ecológica, la que practican la mayoría de los cazadores federados, contagiaba a quien lo escuchaba; aunque nunca lo intentó, a este cronista no lo entusiasmó hasta hacerle desear disparar un tiro.
 Tiempos de literatura de caza de Miguel Delibes o José María Castroviejo, cuyos hijos naturalistas y cazadores formaron parte de los equipos de Félix, autoridades ahora en la defensa científica de la naturaleza.
 El cazador conoce las especies, su densidad, su utilidad, los peligros que sortean y cómo deben mantener el equilibrio todas ellas, y en eso Félix era el gran sabio ecologista.
 Declaraba que la caza era necesaria, como lo es frecuentemente para alimentar: por ejemplo, hay poblaciones de animales que deben reducirse, y otras que deben protegerse de sus depredadores.
 Pero ha aparecido una especie humana fanatizada por el Pensamiento Disney, de agresiva emotividad, que desea ya prohibirnos el consumo de carne. Camino del hinduismo más violento.
 Iguala cualquier animal con la persona, y está volviéndose peligroso al transformar su amor a los dibujos animados de animales en odio a los humanos.
 Invitaría a Félix al suicidio de saber que era cazador.