España, una buena democracia

España, una buena democracia

La eficaz propaganda del separatismo catalán unida a la del populismo podemita y a la holgazanería de quienes deberían defenderla hace creer a buena parte de los españoles que poseen una mala democracia, mucho peor que las tan admiradas francesa, británica o estadounidense.
 Un grave error que deberían corregir los españoles moralmente más influyentes, que no son políticos sino filósofos respetados, autores de contrastada obra académica – no los profesores de chichinabo ideologizados-, escritores admirados o personas de integridad reconocida.
España es una de las democracias más respetables del mundo, como indican distintos baremos que elaboran regularmente fuentes creíbles.
Acaba de aparecer el índice de libertad de prensa 2017 de Reporteros sin Fronteras, donde España aparece por delante de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.
En el Índice de Democracia, elaborado por la acreditada Unidad de Inteligencia de The Economist –nada que ver con los artículos del semanario, hoy poco respetables—, florece como democracia plena, por delante también de Francia, Italia y Estados Unidos.
 Y Bélgica, donde se ha refugiado Puigdemont, y cuyos políticos pretenden darle lecciones de democracia a España, está 18 países por debajo en calidad democrática.
 Por lo que lo que deben despreciarse los criterios de los aliados seminazis belgas de la Generalidad destituida, de los periodistas extranjeros comprados por esa institución con comidas, viajes, tertulias televisivas y la compra de sus libros, y también de los profesorcillos sin obra respetable alguna, pero empeñados en destruir la Constitución,
 Bajo la influencia del agitprop de quienes denigran la democracia española parte de sus ciudadanos cree que son fascistas quienes exhiben banderas nacionales para expresar su orgullo por el sistema político y social en el que viven.
 Son patriotas honorables; los fachas son una mini-olita montada en un gran tsunami.