Ecos de una guerra futura

Ecos de una guerra futura

El expresidente de la Generalidad Carles Puigdemont, el presidente Quim Torra y la plana mayor de la Generalidad –representantes del Estado en Cataluña- acaban de advertir en Bruselas que se lanzan a toda máquina contra España y que “el tramo que queda para la independencia será dramático”.
 Constituían el “Consell de la República”, proponiendo para Cataluña la vía de Eslovenia, independizada en 1991 durante la sangrienta disolución de Yugoslavia.
 Paralelamente el creciente matonismo de los Comités de Defensa de la República (CDR) se cerraba sin acción policial contrario a una autopista que une a España con Francia bajo el lema “Si Europa no nos oye, Europa no entra”.
 Quieren aislar España, y si al final tiene que llamarse al Ejército, cuyas balas no son de goma, los separatistas tendrán los muertos que buscan: en Eslovenia fueron 63 y unos 300 heridos.
 Otro incendio nace bajo el eslogan de “Paremos al fascismo” con las masas exaltadas por Pablo Manuel Iglesias contra Vox y sus 12 parlamentarios andaluces en elecciones democráticas.
 Esos actos han generado un profundo resquemor entre los votantes del nuevo partido que, erróneamente acusados de ser fascistas, son derechistas sin complejos y, cuidado, gente bragada ajena a la corrección política.
 Si esa fuerza crece en el resto de España y si, como es previsible, Iglesias –defensor de que “el pueblo” tenga armas- insiste en sus llamamientos a hostigarla, que no extrañe que reciban respuestas poco amistosas de consecuencias imprevisibles.
 Es necesario dar un grito de alarma que se anticipe a unos posibles ecos de guerra. Grito que debe  multiplicarse para alertar de la incapacidad de este Gobierno para atajar estas crecientes provocaciones.
 Sánchez alimenta con arrumacos y gestos de comprensión a los más peligrosos pirómanos, los independentistas catalanes e Iglesias Turrión.