¿Violencia doméstica, o de género?

¿Violencia doméstica, o de género?

Pues sí, dilecta leyente, el reciente suicidio de varios maltratadores nos reafirma en la tesis de que frente a este tipo de talibán de alcoba al que calificábamos de “Pasional” eran ineficaces las medidas penales en su función de prevención general, por muy duras que fuesen; que sí podían serlo frente a los llamados “Prepotente” e “Inmaduro” o al que pretende sacar provecho de cualquier clase con la muerte de su pareja (como cobrar el seguro de vida, casarse con otra, etc.). Pero con qué sanción se puede intimidar al que está decidido a matar porque considera que es el justo castigo que ella se merece y una vez consumada la tragedia se aplica él mismo la pena de muerte, porque ya nada le importa. Frente a esto sólo a medio o largo plazo se puede conseguir un cambio de mentalidad, que no es un problema generacional, como se demuestra, sino cultural.
En cambio, sí se puede actuar sobre las potenciales víctimas. Estudiando el porqué vuelven repetidamente a caer en manos de otro maltratador, como si estuvieran abocadas a un destino fatal, o por qué incumplen ellas mismas las órdenes de alejamiento dictadas para protegerlas, o perdonan y vuelven a terminar con quien luego las asesinará. Es sobre éstas sobre las que se deberían dirigir las medidas de prevención, al menos mediante cursillos de formación.     Lo irónico es que después de tantos estudios, congresos, seminarios, comisiones, etc., se haya llegado a la conclusión de que la mejor defensa es un buen ataque, y ahora se recurre a enseñarles defensa personal. Lo cual está bien como último recurso, pues no se puede ir por la vida poniendo el desnudo cuello para que te lo retuerza cualquier mindundi con turbante virtual. Y cuando más se necesita aunar esfuerzos contra esta lacra, muchas organizaciones se ven forzadas a cerrar por falta de ayuda económica.    
Ahora, asistimos con cierto estupor a un nuevo tipo de crimen: el asesinato entre homosexuales. Y la pregunta que está en el aire es si se considera violencia de género, con todas las consecuencias que ello conlleva. Lo curioso es que los gays que conozco se refieren al otro partenaire como su marido. Por lo que debe resultar un tanto enigmático descifrar quién es quién en la relación de estas parejas. En principio se trataría de violencia doméstica, sin embargo, una nueva corriente doctrinal  considera que aunque se trate de personas de un mismo sexo si el agresor desarrolla dentro de la pareja un rol dominante similar al machista, entonces habría un maltrato asimilable a la violencia de género;  ésta con mayor pena.
Lo dijo Jacinto Benavente: “Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos”.