Vida talegaria

Pues, dilecta leyente, en USA, un hombre de 59 años, en paro, tuvo que simular un atraco para ingresar en prisión y así le puedan operar gratuitamente de una hernia discal; cuando  nuestro sistema sanitario lo cubre todo y a todos. 
En nuestro país, aparte del “robaperas” tradicional, que suele dejar pistas para su identificación por su querencia talegaria, ha aparecido un nuevo tipo de inquilino, el “delincuente de cuello blanco”, por lo que las prisiones han tenido que adaptarse para recibir a tan distinguidos huéspedes; el más sofisticado chabolo está destinado a Puigdemont.
Tengo en el talego a tres clientes, uno está por quemar la casa con su ex pareja y una persona enferma, dentro. Otro está por haberle dado la gran paliza a su novia e intentar acuchillarla, aparte de amenazas varias, y el tercero por violación de una menor. Pero no me preocupan demasiado, sé que están bien atendidos, bien alimentados y distraídos.
Y es que, dilecta leyente, mis clientes comen tres veces al día, comida variada, que no puede repetirse en toda la semana, y según la estación del año, edad, salud, creencias, etc. Todo ello supervisado por el médico de la prisión que, velando por su salud, garantiza que tiene las proteínas necesarias. Disponen de un cocinero profesional, y los ayudantes, que suelen ser otros internos, disponen del carné de manipulador  de alimentos. Además como a uno de ellos le gusta el fútbol, está integrado en el equipo de la prisión y sale a jugar con otros equipos de otros Centros. Como también le gustan otros deportes, aprovecha para practicar natación en la piscina y ponerse cachas en el gimnasio del Centro, naturalmente. A otro le gusta la música y forma parte del grupo musical. El otro vive plácidamente; a veces va a la piscina a tomar el sol y sobre todo fuma como un cosaco, sin que ninguna norma pajiniana se lo impida. A veces también lee, sobre todo tebeos, que obtiene de la biblioteca, y parece que quiere formar parte del equipo de la radio del maco. 
Como también disponen de asistencia jurídica gratuita, están constantemente interponiendo recursos contra todo y contra todos, llegando incluso al Constitucional por prohibirle a uno una salida al patio de quince minutos, como sanción por amenazar a un “boqui” (”funcionario de prisiones). 
Dos de ellos gozan de permisos ordinarios. Así que salen casi todos los fines de semana. Y el otro, que lleva menos tiempo, disfruta de permisos extraordinarios, pero aprovecha los “bis a bis” para darle gusto al “pizarrín”. La habitación adecuada para estos encuentros y los preservativos los pone la Institución. Además, cuando salgan, cobrarán el seguro de desempleo.
No es de extrañar que cada interno nos cueste a todos los españoles, incluidas las propias víctimas, unos sesenta euros diarios (unas 300.000 de las antiguas pesetas al mes), el doble que en USA. Ya se daba, en tiempos de la “mili” obligatoria, la misma paradoja entre el presupuesto destinado para los soldados y el de los malhechores. Y es que ya lo proclamaba la Constitución de Cádiz “Los españoles son justos y benéficos”. Justos, lo dudo, pero benéficos con los malos…
Por algo, los presos extranjeros que, en virtud de diversos Tratados, podrían cumplir la condena en su país, prefieren las “mazmorras” españolas.