Vaca, como animal de compañía

Vaca, como animal de compañía

Pues, dilecta leyente, la supongo informada de ese “sucedido” en que la malvada Administración quiere ejecutar  a la desvalida vaca Margarita por un simple problema administrativo, desafiando a la comunidad budista.
Margarita creció paciendo y mugiendo feliz, ajena a que su dueño, al parecer un tanto bandarra, no cumplió con  sus deberes burocráticos de granjero y ahora resulta que la infortunada que, por otra parte, se ha convertido en una especie de icono de los antisistema, sin pretenderlo, es una especie de apátrida.
Aquí nos volvemos a encontrar la pugna entre la frialdad de la ley y el ardor de los sentimientos, por lo que los ciudadanos exigen un tribunal mixto, con participación de animalistas y “animalistos”, que sepa hacer una interpretación teleológica de la norma, que nunca puede ser la condena de un inocente. Y en su caso, de forma subsidiaria conceda el indulto a la tierna Margarita.
Uno sería incapaz de zamparse esos chuletones de carne roja, sabiendo que pertenecen al cadáver yacente de la ya mascota de niños y mayores, símbolo de la resistencia de los “sin papeles”, víctimas de la burocracia. 
Frente a los que, de forma excesiva, os acusan, queridas vacas, de contribuir con vuestras flatulencias al crecimiento del efecto invernadero, proclamemos vuestas bondades: Sois pacíficas y bondadosas con nosotros, los hombres. Nos alimentáis con vuestra leche y nos ofrecéis en holocausto vuestros terneros, incluso vuestro estiércol se utiliza como fertilizante o combustible; y cuando morís vuestra piel se utiliza en marroquinería.    
Cómo prescindir de vuestra bella estampa en el campo, con diversidad de colores y tonos, vuestro andar pausado, vuestra mirada dulce y ese gracioso flequillo que os cae sobre la frente. Sois tan dóciles que os habéis hecho vegetarianas, incapaces de matar para comer.
 Sin embargo, salvo Gloria Fuertes, nadie parece haber visto en vosotras todas esas cualidades que mueven el espíritu a la sublime inspiración.
Además, entre otros beneficios, vuestro pasto en la montaña ayuda a limitar la posibilidad de producirse aludes y en el campo reduce el riesgo de incendio al consumir las gramíneas en las cuales puede desarrollarse el fuego.
Pero es que, a mayores, Margarita no es una vaca cualquiera, tiene ya una identidad propia con un bautizo laico, con un nombre humano que la hace acreedora de respeto y se ha ganado el cariño de muchos de nosotros por arte de las redes sociales que, a veces, sirven para algo bueno.
En fin, que la vaca es el animal mejor aprovechado por la humanidad, símbolo de fecundidad y maternidad. De eso saben en la India, que la declararon sagrada y está protegida por la ley.
Por ello, por Margarita: ¡Hagamos el indio, digo el hindú!