Una humillación más

Una humillación más

Pues, dilecta leyente, menuda humillación nos  ha hecho pasar el  ínclito Sánchez, para pagar una de sus muchas cesiones a los independentistas, a los que debe ser Presidente del país. Ya lo advirtió el célebre Maquiavelo: “El que tolera el desorden para evitar la guerra, primero tiene el desorden y después la guerra”.
Resulta que recibe al golpista catalán en el Palacio de la Moncloa, su residencia oficial (no particular, en cuyo caso, como si lo quiere llevar a caballito), lo espera en la escalinata, hecho reservado a las altas personalidades, y el invitado acude con su lacito amarillo, sin cortarse un pelo. El mismo que insulta a España en EEUU, acusándola de antidemocrática y de tener presos políticos. El mismo que llamó a los españoles, “bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN”. El mismo que quiere prohibir al Rey entrar en Cataluña (no hay que olvidar que es el Jefe del Estado). A mí, que Sánchez, tras el apareamiento político, diga que ha sido un encuentro cordial, y que el golpista comente que sale satisfecho de la reunión, son cosas que me preocupan muy seriamente.  Esto me recuerda lo que Hannah Arendt describió como la “banalización del mal”. 
No me extrañaría que dentro de los pactos secretos de la moción de censura, establecieran la designación de Luis Enrique como seleccionador nacional (es broma, claro), un tipo antimadridista y antiperiodistas. Un culé que viene como “embajador de Catalunya”, que se asienta en una institución futbolística de repercusión internacional, que pretenderá poner  a nuestro himno nacional la letra de “Els segadors”, y que será uno de los arietes para “desventrar” España, siguiendo las pautas de Curzio Malparte en su “Técnica del golpe de estado”, en donde describe los métodos adecuados para tomar el poder en un Estado moderno, sin violencia.
Parece que para algunos, en la guerra como en el amor vale todo y, siendo así, lo recomendable es que Sánchez le metiera a Quim Torra (cada vez me recuerda más al otro Kim Un) en la bebida, la droga de la burundanga, prometiéndole la autodeterminación y todo lo que por su cabecita sin cuello se le antoje, y también “dos huevos duros” (que diría Groucho Marx), con la convicción de que al pasarle los efectos no se acordaría de nada. Por su parte, en la próxima reunión en la Generalitat, que El Tibio (que semeja estar bajo el síndrome de Pollyanna) tenga cuidado no le metan la Popper (la droga del amor) y termine por entregar al “Sin cuello”, los restos que queden de España. Claro que lo peor es si juegan con la “metilendioxpirovalerona”, conocida como la “droga caníbal” y el Sin cuello se merienda a nuestro Pedro.