Seguimos de vacaciones

Seguimos de vacaciones

Ya estamos todos aquí, en Playa América. Bueno, el que no ha hecho acto de presencia, todavía, es el sultán de Brunei, pero a la vista de las fámulas que elegantemente vestidas con sus uniformes se dejan ver por las tiendas del barrio, alguien de su séquito parece haberse adelantado.


Los veraneantes, acceden a la playa cargados de artilugios playeros como si se tratase de un malogrado safari tropical con sherpas en huelga, pisando con aplomo la cálida arena, buscando el lugar más idóneo para aposentarse, extendiendo su perfume del mismo modo que los leopardos marcan su territorio, colocan sillas, mesas y tumbonas, clavan la sombrilla como si se tratara de una bandera insurgente y toman posesión de la usurpada parcela, cual un estado libre asociado. Los más jóvenes y osados, con sus descontroladas hormonas en efervescencia y el cerebro en encefalograma plano, extienden su territorio a otros espacios, estableciendo campos de futbol clandestinos y sin pedir disculpas a la ancianita de turno que resulta  golpeada por sus pelotazos. 


Ahora, si es amante de las emociones fuertes, intente cruzar la carretera de Por la Vía a la calle Concordia, que conduce a la playa, sin paso de cebra, y cargado con todos los trastos, o intente darse un garbeo por el paseo marítimo a ver si sale indemne del desbarajuste entre perros, bicicletas, patinetes, corredores de fondo, coches de niños, etc. Menos mal que a pesar de que el nuevo gobierno local ha intentado eliminar la acera-bici todavía quedan vestigios, que la mayoría de los ciclistas respetan.
Por lo demás, aquí parece estar flotando en el ambiente la arrulladora voz del desparecido rey del soul, Barry White, despertando hasta la pasión de los camaleones, sin necesidad de ser George Clooney para ligar, pues el personal anda dándose pelotazos con las feromonas. Y el que menos liga, liga bronce.
Aquí “fai un sol de carallo” y te pones tostadito como un tizón. Me cuentan que llegó uno del interior y se encontró en la playa con un ciudadano del África Negra que solo llevaba dos días. ¡Como me voy  poner!, pensó, yo que vengo por un mes.


Permítame, dilecta leyente que en este ambiente distendido del mes de verano por antonomasia en el que el país vacaciona, le cuente con cierta ironía el susto que se llevaron unos cacos que entraron a robar en dos domicilios.

 
En uno de los casos el choro se quedó desencajado al encontrarse con una momia, vamos, un cadáver en proceso de descomposición, por lo que salió como alma que lleva el diablo. El otro se podría llamar “el ladrón que encontró a Jesús”, que así se llamaba el rottweiler que protegía la vivienda. (Lamento haber estropeado el chiste).