¡Qué declare la yegua!

¡Qué declare la yegua!

Pues, dilecta leyente, hace un par de artículos comentábamos el caso de intrusismo profesional de un tal Amando, que ejercía por la geografía gallega de odontólogo a domicilio, sin título ni escrúpulos. Ahora, según una denuncia presentada, nos enteramos del caso de uno que, al parecer, curaba heridas con anestesia de caballo y las cosía a mano.
Este último “sucedido”, habría ocurrido en Lugo, allá por tierras de Friol, en una explotación ganadera en donde trabajaba Susana con su pareja, sin contrato ni seguro, residiendo en una planta de la casa de los administradores y que resultó lesionada tras ser pateada por una yegua. Siempre, según la denuncia,  uno de los socios, octogenario él, tras el accidente laboral, sin reparos ni miramientos, decidió ejercer de veterinario no con el cuadrúpedo sino con la bípeda, tratándola como un animal más de la granja, y ahora, de ser ciertos los hechos, se enfrentaría a una serie de delitos, que de actuar como acusación se concretarían:
Delito Contra los Derechos de los Trabajadores: Al suprimir los derechos reconocidos como tales trabajadores por las disposiciones legales, como es el derecho al contrato laboral con todos los beneficios inherentes.
Delito contra la Seguridad Social: Por el impago de las cuotas correspondientes a sus dos trabajadores; aunque no parece que la deuda sobrepase los 50.000 euros; por lo que se quedaría en infracción administrativa
Delito de Intrusismo: Al efectuar unas curas propias de un profesional sanitario, sin poseer el título. Según jurisprudencia basta con realizar un solo acto.
Delito de Omisión del deber de Socorro: Por no trasladarla al centro médico adecuado y limitarse a hacerle una chapuza con la determinación de que no se descubriera que carecía de contrato de trabajo y seguro
Delito de Coacciones: Impedirles recoger sus pertenencias, por haberles denunciado, que podría derivar en el más grave de Obstrucción a la Justicia
Delito Contra la Integridad moral: Al tratarla como un animal más de la granja, dándole con ello un trato degradante.
Si fuese defensa, argumentaría que el acusado se limitó a prestar los primeros auxilios previos a su traslado al Centro Médico, y no para evitar acudir allí, y que se trataba de una invitada que, imprudentemente y sin conocimiento de los profesionales se acercó a las caballerizas. A mayores exigiría una “reconstrucción de los hechos”. Las alegaciones de los administradores de la explotación de que en la granja no pasó nada y que la tal Susana aprovechó que se le abrió una herida de una cesárea anterior para cometer “fraude laboral”, sería lo último, pues el parte facultativo y el informe forense, demostrarán las verdaderas causas, En último caso, qué declare la yegua, con traductor, naturalmente.