Principal sospechoso

Principal sospechoso

Pues, dilecta leyente, el caso Diana Quer tiene más aristas que en un poliedro irregular. Cierto que al final se ha resuelto tras un hábil interrogatorio del “principal sospechoso”, que había ocultado el cadáver de la joven en una nave abandonada a 7 kilómetros de su casa y 200 metros de la de sus padres, la que frecuentaba con asiduidad; una vieja fábrica donde para más desfachatez había trabajado, conocía a la perfección, y donde llevaba a cabo sus trapicheos, conservando, al parecer, las llaves del lugar. Y todo en el mismo pueblo de Rianxo en donde se encontró el móvil de la víctima ¿Para eso hubo ingentes batidas con la participación de la UCO, La Unidad de Policía Judicial de A Coruña, Unidades Territoriales de Seguridad Ciudadana, Servicio Marítimo, Servicio Aéreo, Grupos de Reserva y Seguridad, Policía Local, Protección Civil, Unidad de retén de incendios de Infantería de Marina y multitud de voluntarios para la búsqueda y rastreo? Tal vez, si hubieran intervenido los perspicaces agentes que localizaron el zulo donde ETA retenía al funcionario de prisiones, Ortega Lara,  otro gallo cantaría.
El hecho ya había sido archivado, porque a pesar de que los investigadores tenían al “principal sospechoso” no se atrevían a acusarle, y así hubiera terminado la cosa si el “principal sospechoso” no lo hubiera vuelto a intentar con otra; y lo habría conseguido si no fuera por la valiente y eficaz intervención de dos jóvenes que evitaron que hubiera que lamentar otra víctima. Mientras los investigadores discutían si galgos o podencos, el “principal sospechoso”, al parecer, campaba a sus anchas.
El “principal sospechoso” llevaba la “letra escarlata” en el rostro: Traficante de drogas, Agresión sexual a su cuñada, Peleas. Ya lo había apuntado el padre de Diana, que su hija andaba en malas compañías, gente relacionada con la droga. (¿Se conocían autor y víctima?).
Todo el mundo entiende que no se debe detener al sospechoso del secuestro hasta liberar a la persona secuestrada, pero cuando todo indica que está muerta ya no es tan comprensible que se  actúe con tanta prudencia, que raya la negligencia.
La coartada del principal sospechoso, al parecer es que había estado la noche de autos con su esposa, la cual corroboraba su versión, una coartada poco sólida, que suelen emplear los delincuentes. Tras un duro interrogatorio en presencia de un abogado que no quisiera para mí, el principal sospechoso se derrotó cuando le dijeron que su esposa, lo había delatado, retirándole su apoyo. No dudo que a ella le habrían informado de su derecho a no declarar contra su marido, salvo que la considerasen también investigada (de lo que no parecía haber pruebas). Pero me imagino que emplearon la conocida estrategia del poli  bueno y el poli malo, de hacerle creer que él la implicaba en los hechos y que querían ayudarla, y entonces él sabiéndose abandonado por la persona de la que debe tener gran dependencia, cantó de plano. Y a ella le prometerían dejarla en libertad, como hicieron. Sin embargo, es ahora cuando el juez la llama como investigada. Y el andoba ahora dice en el Juzgado que se niega a declarar. “A buenas horas mangas verdes”.
Nadie puede poner en duda el ingente esfuerzo, la exhaustiva dedicación y el gran despliegue de medios técnicos y humanos por  parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y nos queda el consuelo que aunque hubieran sido más eficaces no hubieran podido evitar la muerte de Diana, que al parecer se produjo en la misma noche en que fue secuestrada, pero debe resaltarse la intervención de los jóvenes que evitaron una segunda muerte a manos del “principal sospechoso” y ello permitió la resolución del caso Diana, ya archivado.