¿Por qué a mí?

¿Por qué a mí?

Pues, dilecta leyente, a esa edad en que otros niños disfrutan con sus juguetes bajo el amparo de sus padres, en una especie de burbuja afectiva, y sus abuelos les consienten todos los caprichos. A esa edad en que los niños sólo se preocupan de pasárselo bien. A esa edad en que son felices en la seguridad del hogar, otros niños son ellos los que tienen que cuidar de sus padres y hermanos en un infierno de casa.
Este es el reciente caso de ese niño de 6 años, de A Coruña, que presenciando la actitud violenta de su progenitor que agredía brutalmente a su madre y amenazaba con matarla a ella, a él, y a sus hermanos, el cual había entrado en la vivienda subrepticiamente, a través de una ventana de la planta baja del polígono donde vivían, pues tenía orden de alejamiento, (que supuestamente les garantizaría estar a salvo del mismo), no dudó  en llamar a la Policía demandando auxilio. Los “polis” no daban crédito a que un niño de tan corta edad facilitara todo tipo de detalles y con tanta serenidad (quizá estaba acostumbrado a ver estos espectáculos), pero su asombro fue mayor cuando al llegar al domicilio, encontraron en el fragor de la batalla al niño acurrucado en un rincón, dándole el biberón a su hermano de meses. Y es que los niños de la farándula, los hijos de la miseria económica y afectiva maduran antes (la necesidad obliga), y parodiando a Sabina se preguntan: ¿Quién me robó la infancia? ¿Dónde están mis juguetes, dónde está el amor de mis padres? ¿Por qué a mí?
¿Quién me lleva al Colegio de la mano y me da un beso al dejarme en la puerta? ¿Quién me lleva al parque a jugar? ¿Quién me arropa y me abriga en la cama en las noches del frió invierno y me desea felices sueños? ¿Por qué me ha tocado esta perra vida, tan distinta de la de otros niños. ¿Por qué a mí? Sin embargo, no les oiréis quejarse, aceptan con resignación su suerte, quizá porque no han conocido otra forma de vida.
Pero, dilecta, no hace falta ir a Somalia ni al Senegal para conocer estas tristes vidas  basta con mirar a nuestro alrededor con los ojos abiertos y no como los monos de Gibraltar. Y es que dentro de este ampuloso mundo occidental existe otro submundo muy similar al que despectivamente llamamos Tercer Mundo. Y no hace falta visitar los yacimientos de Atapuerca para ver a este subtipo de homínidos que aún subsisten en la actualidad y que merecen un estudio científico por antropólogos y no por juristas. ¡Y que los devuelvan a sus cavernas, de donde nunca debieron haber salido!