Playa América

Pues sí, dilecta leyente, ya estamos en agosto, el mes que los romanos  dedicaron al emperador Octavio Augusto. Aquí la playa está a tope y al atardecer las terrazas se visten de color marrón chocolate y olor a chanel 5. Esta playa de bandera azul, tiene su corazón “partío”: A primera hora recibe a los deportistas que hacen footing y a partir de las doce  comienza el desfile  de gente sin complejos, que exhiben, sin pudor, sus orondas panzas, entre corteses saludos.
Reconvertido en investigador gastronómico, en “Arealoura” tomé el mejor soufflé del mundo mundial, la mejor empanada y el mejor besugo al horno. Claro que el bogavante con arroz no desmerece en nada al resto.
El “Concordia” no sólo destaca por  sus dos especialidades: caza y cocido en invierno y marisco en verano, sardinas asadas y churrasco, sino que mantiene su menú del día. Y así sabes lo que comes y lo que pagas Además es el único establecimiento con aparcamiento propio. Su proximidad al parque infantil te permite vigilar a los “enanos”, mientras disfrutas de la sobremesa.
“Rodri”, que no se quiere jubilar, traspasó su “Capricho” pero se quedó con el Musique, más “cool”, donde se devora el mejor pepito y las mejores tapas, entre luces de neón;  con su mesa de billar y sus mojitos, hace las delicias de los jóvenes y mayores.
Pero no se olvide de Xuntos que ya no solo es heladería, sino excelente cafetería-restaurante, ni de la reconvertida “Playa América” con su buen mangiare.
De los que abren en verano, La Galería tiene el mejor y más variado surtido de platos, en donde, por ejemplo, puedes tomar unas anguilas fritas, que no encuentras en otro sitio. Desde luego si quiere disfrutar de una cena romántica, en su patio trasero, acuda al viejo “Angelito”, al final de la playa.
Por cierto, cerró el hotel “Casablanca”, donde uno esperaba ver a un melancólico Bogart, pero el que aparece es Moldes, con su oronda barriga y su espíritu alegre y campechano. Al frente del local estaba Sandra, (su hija), que heredó el buen talante de su padre. Y, en vez del negro de la película tocando el piano, te encontrabas con una pulpera, negra, pero del humo de la caldera. Ya el nombre lo decía todo: Podía ser el comienzo de una buena amistad. Ahora dirigen el hotel “O Pazo” en la Avenida de Castrelos.
Al final de la tarde, es recomendable atravesar el puente de madera que lleva a Panxón, barrio típico marinero, donde se rodó “La playa de los ahogados”,  y si te va lo místico allí tienes una seductora Iglesia que invita al recogimiento.
Por cierto,  aquí, haya niebla o lluvia, siempre “fai un sol de carallo”.