Mafias, bandas y adicciones

Mafias, bandas y adicciones

Pues, dilecta leyente, hallábame a la sazón preparando un dictamen criminológico sobre bandas, cuando el Gobierno sacó lo de las adicciones-
Pero vayamos por partes, como diría Jack El Destripador. Lo de los 20 waltrapas que liberaron a su compinche detenido y vigilado por dos maderos en un hospital, donde se hallaba ingresado tras caerse de una “burraca” en la que huía de la bofia, esa sí es una mafia, en este caso de la droga, la cual funciona como una empresa potente y bien organizada, con estructura cuasi miliar y un código durísimo para sus miembros. La mafia no solo organiza sus acciones con división de papeles, ejecuta y, .en su caso, distribuye.
Lo de la panda que asalta camiones contratada por miserables empresarios es una simple banda, ya que realiza sólo una parte de la operación, como es la ejecución, pero del resto se ocupan los contratantes.
¿Pero quién era el herido en el primer caso? ¿Un simple “soldado” o el jefe de la “familia”? Más bien parecería el capo, pues para realizar una acción tan a la brava y con unos medios tan poco sofisticados, que más parecían una chirigota, lógicamente de Cádiz, que es la provincia donde ocurrieron los hechos, tan lejos de la planificación a que nos tienen acostumbrados, lo explicaría. Ahora bien, eso no excluye que aunque faltase la cabeza quedasen otros miembros que, como mínimo hayan podido planear a donde llevar a curar al lesionado, contando con profesionales sanitarios que trabajen fuera del circuito legal. ¡El dinero lo corrompe todo!
En cuanto a las responsabilidades en que pudieran incurrir, se les podría acusar, como mínimo, de integración en banda armada y amenazas al personal sanitario, pero no de “secuestro” puesto que el hecho se realiza con la voluntad de la “víctima”, mayor de edad y que considerada el acto como una liberación. En cuando a la novia del capo que dio el “queo” a la banda no se le podría acusar de nada, salvo que formase parte de la organización mafiosa o hubiese tenido una conducta colaboradora importante.
En esto que cae Sito Miñanco, un histórico del tráfico de drogas a nivel internacional que se pasó en la trena la mayor parte de su vida, pero desde donde al parecer seguía dirigiendo las operaciones, lo que junto a que había conseguido un ignominioso tercer grado demuestra que algo huele mal y no precisamente en Dinamarca. Y enlazando con el tema de las adicciones, ¿no se podría considerar a Miñanco, como a los reincidentes en general, adictos al delito y ser tratados como tales, como en el caso de la ludopatía? Lo de la cleptomanía es más difícil de admitir, pero en caso de carecer de argumentos, algún “picapleitos” lo podría intentar. Con esto de la mafia, “cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”.