La concha de su madre

La concha de su madre

Pues sí, dilecta leyente, hay que ver la que ha armado ese engendro en paro de actor, que se hace llamar Willy Toledo, con su escrito en Facebook en que se caga en Dios y que le sobra mierda para cagarse en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María, creyéndose amparado por el derecho constitucional a la libertad de expresión, olvidando que tal derecho tiene sus límites en cuanto entra en confrontación con otros derechos igualmente constitucionales como el honor (vamos como si alguien se cagase en la “concha” de su madre), pero es que, además, lo suyo no es una opinión sino un exabrupto de un malparido, que busca publicidad para ver si le dan algún papelito por el papelón que está haciendo como “mensajero de Belcebú”.
Al señor Toledo le ampara la ley como ateo, y le protege por sus manifestaciones y actos por su manera de pensar, pero no por sus actos en ofensa de los sentimientos religiosos de los otros. Por cierto, solo hace mofa y escarnio de la religión católica, pero le entra diarrea solo de pensar en meterse con el Islam, y es que “Alá es Grande” y no vaya a pasarle como a los de la revista satírica francesa “Charlie Hebdo”.
A su lado, en la rueda de prensa que convocó, se hallaban el hijo de la loba bolchevique Pilar Bardem y esposo de la actriz Penélope Cruz, a cuya sombra interpreta las películas que interpreta, junto con otros jokers, como el esperpéntico Leo Bassi, quienes le daban su apoyo para que no acudiese a la citación judicial y junto con otros le jaleaban con un “Viva el coño insumiso”, que es de una originalidad y altura intelectual que apabulla.
Lo más sorprendente es que la rueda de prensa se celebró en una iglesia, con un Cristo crucificado de fondo y un cura que justifica haberle abierto sus puertas porque según él “nadie puede ser perseguido por sus ideas”(no se sabe quién es más patético); y es que una cosa es la crítica histórica, política o religiosa, hecho protegido por nuestra Constitución mediante el derecho a la libertad de información y expresión, y otra la burla o vejación de suficiente entidad para ridiculizar los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa.
Pues, dilecta, el clown Toledo pudo haber incurrido en el delito de ofensa a los sentimientos religiosos, no solo públicamente, que en su caso conllevaría una simple multa, sino que al ratificarse en un lugar de culto podría entrar en el talego, pero es posible que resulte absuelto no porque tenga razón, sino, tal vez, porque carezca de ella.