¡Jopá, con Amando!

¡Jopá, con Amando!

Pues, dilecta leyente, la supongo informada de ese sucedido en el un tal Amando, con más geta que Urdangarín y menos escrúpulos que el célebre Roldán, se dedicaba a arrancar muelas sin la habilitación para ello, dejando a cientos de gallegos fanados y bajo riesgo de infecciones.


El andoba, comenzó su carrera delictiva a lo grande, montando una clínica dental y, tras ser denunciado, continuó “ejerciendo” a domicilio. Se cuenta que incluso a un albañil llegó a extraerle tres piezas dentales en la misma obra en la que estaba trabajando, al aire libre. Así, aprovechándose de que la mayoría de los problemas bucales no los sufraga la Seguridad Social fue recorriendo, con distintos nombres, la geografía gallega. A mí me recuerda a “Mister Sequah”, uno de los más notorios sinvergüenzas,  que se desplazaba en un carromato con motivos del salvaje Oeste y utilizaba una banda de música para silenciar los chillidos de los incautos que caían en sus manos. 


Al fin cayó Amando, no por denuncia de sus sufridos pacientes, sino de los laboratorios farmacéuticos a los que el bueno de Amado no abonaba el material que les encargaba. Y es que como dijo Kennedy: “Se puede engañar a todos algún tiempo, a algunos todo el tiempo, pero no a todos todo el tiempo”.


Resulta que el waltrapas tiene abiertas diligencias en tres provincias gallegas, entre ellas Ourense. Se le acusa de los delitos de  Intrusismo profesional, estafa, lesiones y contra la Salud pública.
Mire, entre el intrusismo profesional y la estafa puede haber concurso de delitos, pues el engaño que supone la estafa puede quedar embebido en el intrusismo, es decir en hacerse pasar por odontólogo, y el dinero que cobraba lo llevaba implícito el servicio, cuya titulación decía ostentar. Por lo que, uno es medio necesario para cometer el otro. Otra cosa es que actuara de forma altruista y sin presunción de título, que no parece el caso. Pero no sólo estafó a sus “pacientes” (nunca mejor empleada la expresión) sino a la empresa a la que no abonó el material protésico y odontológico, mucho del cual le fue ocupado en los registros. Si yo fuera defensa trataría de llevarlo por la vía civil.


En cuanto las lesiones producidas en sus “operaciones”, seguramente se entenderá que lo han sido por imprudencia. Desde luego no por imprudencia profesional, pero sí tal vez causadas con dolo eventual. Si yo fuera acusación iría por ahí.
En cuanto al delito contra la Salud Pública, que es un delito de riesgo genérico, al concretarse en unas lesiones específicas, desaparecería, pero además el riesgo ya va implícito en el intrusismo como falso profesional odontológico. Como defensa iría por ahí.
     Por fortuna, no soy su abogado.